El último barco de Eduardo Arroyo

El cuadro final del artista, «El buque fantasma», pone título a la muestra que reúne en Madrid las obras que creó entre el año 2000 y su muerte, en octubre del 2018

«El buque fantasma» da título a la exposición de Arroyo en Madrid (Eduardo Arroyo. A+V Agencia de Creadores Visuales)
«El buque fantasma» da título a la exposición de Arroyo en Madrid (Eduardo Arroyo. A+V Agencia de Creadores Visuales)

Redacción / La Voz

En Robles de Laciana, en el corazón de la montaña leonesa, a kilómetros del mar, el artista Eduardo Arroyo culminó la que sería su obra final. El buque fantasma presta ahora su título a la exposición que la exhibe en el pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid, junto a otras 37 piezas últimas del creador, concebidas desde el año 2000 hasta su muerte, a los 81 años, en octubre del 2018. Son obras que remiten a referencias musicales, como la leyenda del marinero maldito sobre la que compuso Wagner, pero también literarias y cinéfilas, de Madame Bovary a Moby Dick, de Falstaff a Doña Inés o Dorian Gray.

La muestra es una coproducción de La Fábrica y la Fundación Enaire, con Fabienne Di Rocco, como comisaria, quien firma también el texto del catálogo, junto a Julio Llamazares. Di Rocco destaca cómo el artista, partiendo de la partitura wagneriana, «Arroyo inventa una gran composición en forma de fantasía literaria donde el amarillo y los colores primarios compiten con la máscara negra del personaje de Fantômas, que juega como en un jeroglífico contra otros fantasmas presentes en la exposición».

«El divorcio de Fantomas»
«El divorcio de Fantomas»

Por su parte, Llamazares traza una semblanza del artista, desde la incomprensión que recibió su obra y su personalidad, primero durante el franquismo y luego ya en los años inaugurales de la democracia restaurada. «Sus cuadros llenos de guiños a la España tradicional de la que había huido siendo joven pero que, al fin y al cabo, sabía que estaba en su ADN, así como su reconocimiento a los clásicos de la pintura española, de Velázquez a Goya, le convirtieron casi en un extemporáneo a los ojos de los modernos españoles, siendo como era Eduardo Arroyo el más moderno de todos precisamente por su anacronismo entonces», recuerda el escritor.

Arroyo se convirtió en un unicornio triste, difuminado en las brumas de su memoria y su fantasía

Llamazares rememora cómo el artista se refugió en los paisajes de Laciana, donde había pasado los veranos de la infancia, donde, a ojos del escritor, se convirtió en «unicornio triste», difuminado en las «brumas de su memoria y su fantasía, en la melancolía de los bosques de un valle lleno de ellos, pero no al morir, sino antes, cuando su radicalidad y su incomodidad con la realidad lo fueron apartando de un país que siempre vio un poco ajeno y miró con estupefacción y que le sumió en la melancolía final».

Detalle de «Moby Dick»
Detalle de «Moby Dick»

 La exposición se completa con la proyección de la película Arroyo. Exposición individual, del 2011, en la que el artista protagoniza un monólogo de 24 horas de duración.

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