«Mi vecino Totoro», de Hayao Miyazaki, la sencillez elevada a obra de arte

Regresa a los cines por su treinta aniversario una de las obras maestras del cineasta japonés

Un fotograma de «Mi vecino Totoro», de Miyazaki
Un fotograma de «Mi vecino Totoro», de Miyazaki

Miyazaki (Tokio, 1941) es el maestro vivo de la animación japonesa, alcanzando alturas memorables con El viaje de Chihiro (2001) -Óscar a la especialidad- y El castillo ambulante (2004), entre otras obras que incluyen varios cortometrajes magistrales, todas a la sombra del ya mítico Studio Ghibli, fundado por él mismo junto a Isao Takahata, fallecido hace unos meses. Pero antes, en 1988, estrenó una de sus cumbres, de un tono formal casi naíf y una temática en la misma línea en torno a la infancia y su inocencia.

Con guion propio, recrea una historia sobre dos niñas que en unos bucólicos años 50, se van con su padre profesor universitario a vivir a una zona rural, mientras la madre permanece hospitalizada en la ciudad. El padre les relata historias fantásticas que hacen volar la imaginación de las niñas, y nutren sus miedos e ilusiones, sobre todo de la más pequeña. Surgen así unos seres que solo ellas ven, como el gran peluche Totoro, los fantasmas de hollín y el Gatobús. Súmese a ellos los vecinos del lugar en un ambiente de cuento a la vieja usanza.

Si Miyazaki redondea la construcción de los tipos, llama la atención la calidad de su dibujo en una técnica que se adivina artesanal aunque deslumbrante en lo visual, logrando que los planos sean como estampas acorde a la sensibilidad oriental, algo que el género made in Hollywood todavía no logró superar. La aparente modestia del dibujo en los personajes, contrasta con la complejidad de los fondos. Una gozada que abruma por su sencillez -que no simplicidad-, aquí con una clara voluntad de estilo. Nadie busque complejidades psicológicas, reflexiones filosóficas ni adoctrinamiento.

Se trata de acercarse al universo de los niños porque todos lo fuimos y en el proceso de abrirse al mundo real, las balizas fueron sueños, temores y fantasías. Las dos protagonistas sufren por la ausencia temporal de la madre y se ven obligadas a construir su propio imaginario desde la angustia. Una joya que regresa ahora a las pantallas para conmemorar sus tres décadas de gozosa vigencia, al tiempo que se reivindica como obra de arte.

 «MI VECINO TOTORO» [«TONARI NO TOTORO»]

Japón, 1988.

Director: Hayao Miyazaki.

Guion: Hayao Miyazaki.

Música: Joe Hisaishi.

Producción: Isao Takahata y Toshio Suzuki.

Animación.

74 minutos.

El adiós de los Studios Ghibli en dos sutiles y delicadas películas

xesús fraga

«El cuento de la princesa Kaguya» y «El recuerdo de Marnie», del 2013 y el 2014 respectivamente, llegan ahora a Galicia

Para algunos, representan el final de una era; para los más optimistas, la conclusión de una etapa, aunque, eso sí, sin saber cuándo se abrirá la siguiente. El cuento de la princesa Kaguya y El recuerdo de Marnie, actualmente en cartel en los cines gallegos, son las dos últimas películas salidas de los Studios Ghibli, fundados en Japón en 1985 y objeto de culto durante muchos años, hasta que títulos como La princesa Mononoke y, especialmente, El viaje de Chihiro -Óscar a la mejor animación en el 2002-, franquearon su camino a la popularidad en Occidente. Ambas películas fueron dirigidas por Hayao Miyazaki, fundador de los estudios junto a Isao Takahata. El primero anunció en el 2013 su jubilación. Apenas un año más tarde Ghibli comunicaba el cese de su sección de producción y el inicio de un proceso de reestructuración incierto que deja en el aire el futuro de la compañía.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

«Mi vecino Totoro», de Hayao Miyazaki, la sencillez elevada a obra de arte