Una aventurera en el Japón del siglo XIX

Álvaro Soto MADRID / COLPISA

CULTURA

Aparece en castellano por primera vez «Japón inexplorado», en el que Isabella Bird relató su viaje por el exótico país y que llega de la mano del sello La Línea del Horizonte

06 ene 2019 . Actualizado a las 09:00 h.

El viaje de Isabella Bird a Japón es una de las aventuras más extraordinarias de las que hay noticia. En 1878, apenas un par de décadas después de que en 1854 el militar estadounidense Matthew Perry acabara con la etapa de aislamiento del país, que duró tres siglos, y que mantuvo cerradas las fronteras de la legendaria nación, la escritora, naturalista y fotógrafa británica (Boroughbridge, 1831-Edimburgo, 1904) se convirtió en la primera mujer, y en uno de los primeros extranjeros, en recorrer aquel lejano lugar. Sus peripecias aparecen ahora por primera vez en castellano en Japón inexplorado, un libro de viajes imprescindible que publica la editorial La Línea del Horizonte.

Evidentemente, el choque cultural de una dama victoriana al llegar a un país inhóspito vertebra todo el texto. Bird se sorprende a cada paso, pero es igual de grande el asombro que provoca su presencia entre las muchedumbres que se va encontrando por el camino. Recorre Tokio y el norte de Japón a pie, a caballo o en los vehículos de ruedas tirados por animales o por personas que aún sirven de atracción turística a los visitantes del siglo XXI, pero que entonces eran un medio de transporte más.

Y se encuentra un Japón rural con una vida totalmente desconocida, tribus aborígenes, como los ainus, totalmente extrañas para los occidentales, y exóticas comidas. En el libro, que sigue la estructura de un intercambio epistolar con su hermana, Bird escribe frases como la siguiente: «Mi primera noche sola en medio de esta vida multitudinaria de Asia es extraña, casi temible. He pasado todo el día sufriendo de los nervios: por el temor de ser asustada por algo, por el miedo de ser asaltada con violencia o de ofender a alguien por quebrantar las reglas de la cortesía japonesa o de... ¡qué sé yo!». Y sin embargo, fue una mujer valiente que dejó un testimonio irrepetible.