Amos Oz, el gran cronista de los conflictos del Israel contemporáneo

El escritor y pacifista, eterno candidato al Nobel, falleció ayer a los 79 años


redacción / la voz

Amos Oz, fallecido este viernes a los 79 años a causa del cáncer que padecía, llevó a su literatura los conflictos de su país, Israel. Su propia biografía era un reflejo, como un espejo que devolvía en su vida los avatares colectivos, del convulso siglo XX en el que le tocó escribir sus libros: nació en Jerusalén en 1938, aún bajo el mandato británico de Palestina. Sus padres eran judíos llegados de la diáspora, procedentes de la Europa del este. Vivió en un kibutz. Abogó por una solución pacífica que pasaba por la creación de dos Estados para salir del sangriento bucle en que se había convertido la vida entre palestinos e israelíes. Combatió el fanatismo con sus armas: las letras y el sentido del humor. Fue, por tanto, el gran cronista de los conflictos del Israel contemporáneo.

Nacido en el seno de una familia con inquietudes culturales -su padre había estudiado historia y literatura, su madre, también filosofía-, Amos creció educado en hebreo y en una escuela religiosa, aunque sus padres eran laicos. Cuando tenía doce años, su madre, que sufría depresiones, se suicidó, una experiencia que marcaría de por vida a Amos. Dos años después se cambió el apellido, de Klausner a Oz -que en hebreo significa coraje- y se fue a vivir a un kibutz, donde trabajaba y un día a la semana se dedicaba a escribir. Allí vivió hasta 1986, cuando se mudó a Arad por cuestiones de salud de uno de sus hijos. Este enclave del sur de Israel lindante con el desierto, donde a Oz le gustaba dar paseos diarios. Su rutina se dividía entre mañana y tarde, con la primera dedicada a la literatura, mientras que la segunda la reservaba para sus artículos periodísticos y sus tareas pacifistas.

Solución

A raíz de la Guerra de los Seis Días, Oz abogó por una solución al conflicto entre israelíes y palestinos que pasase por la creación de dos Estados. Su postura contraria a la política colonizadora y de asentamientos de su gobierno no le impedía criticar con igual dureza a los terroristas, y convirtió el fanatismo en blanco de sus ataques intelectuales. En algunos casos también defendió algunas acciones militares de Israel, que consideraba como de defensa propia.

Como articulista tomó partido con sus ideas en los y problemas de su país. Su literatura también refleja los cambios y dilemas de sus contemporáneos, así como los suyos propios, que alcanzaron su apogeo en la novela autobiográfica Una historia de amor y oscuridad. Fue eterno candidato al Nobel, que no ganó, aunque sí otros galardones, como el Príncipe de Asturias, el Primo Levi, el Kafka o el Goethe.

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