La parábola de la mosca azul

El Circo del Sol trae a Galicia «Ovo», un espectáculo en el que 50 artistas narran la historia de una comunidad de insectos que debe aprender a aceptar a un extraño


a CORUÑA / LA VOZ

Aruna Bataa es contorsionista. Nació en Mongolia y se crio en Brasil. A los 21 años envió un vídeo a la web del Circo del Sol y desde entonces entrena tres o cuatro horas al día para conseguir suspenderse en el aire con el único apoyo de sus labios sobre una barra poco más gruesa que una pajita de sorber refrescos. «Es el truco [una manera de hablar, aquí no hay truco] más difícil de todos. Acabo el número así, inmóvil, durante 15 o 20 segundos», explica la acróbata. Cuando recibió la llamada del Circo del Sol estudiaba Derecho para procurarse una vía de salida a su carrera artística. Diez años después, se ha formado como instructora de Pilates, trabaja con sus compañeros en la recuperación después de las funciones y calcula que los 35 son una buena edad para dejar el escenario. Le quedan cinco. Este viernes a mediodía, antes de los ensayos del primer pase de Ovo, el espectáculo dirigido por la escritora y dramaturga brasileña Deborah Colker que la compañía con sede en Montreal presentará en A Coruña hasta fin de año, Aruna Bataa no disimulaba sus ganas de conocer la famosa calidez del público español -«es que además venimos de Francia», deslizó alguien- y resumía lo mejor de su experiencia con una frase definitiva: «No imaginar nada al ver a alguien diferente», precisó rodeada de gente de 24 países.

El Circo del Sol son personas y son números. Acrobáticos y números finitos para expresar las dimensiones de una compañía superlativa que ocupa a 4.000 trabajadores, 18 espectáculos fijos o itinerantes, en carpa o arena, representados simultáneamente en todo el mundo, 23 camiones y un centenar de personas rodando para cada uno, dos años de gestación desde la primera idea hasta la puesta en escena, 10 semanas de gira, dos de descanso, ocho semanas en casa al año, 44 fuera, 1.000 piezas de vestuario. en el caso de Ovo, con seis meses de vida estimada...  

«Trabajar aquí es un sueño, y la compañía nos trata muy bien», afirma el canadiense Nicolas Chabot, antes de contar una retahíla de bondades entre las que dormir en un buen hotel y en una habitación, tener un equipo de cocina permanente o un gimnasio siempre al alcance, y viajar a casa con los gastos pagados son palabras mayores. El actor austríaco Gerry Regitschnig vive en Bilbao y aquí se siente como en casa. Forma parte del Circo del Sol desde 1992 y en Ovo interpreta a un payaso sui generis, un maestro «al que amas u odias», advierte el cómico, admirador de Buster Keaton y curtido en el cabaret vienés.

¿Y la función social de este Ovo lusófono? «La respuesta -afirma Chabot- está en el rostro del público y en la propia historia. Ovo narra lo que ocurre en una comunidad de insectos que reciben la llegada de un ser inesperado y extraño al que tienen que aprender a aceptar... Es algo actual, ¿no crees?». Hormigas, pulgas, arañas, saltamontes, escarabajos y luciérnagas, preocupados por el exotismo amenazante de una mosca azul y, por si fuera poco, enamorada.

¡Bienvenidos al Circo del Sol, el mayor espectáculo del mundo!

JESÚS FLORES

Sobre el escenario, medio centenar de artistas (acróbatas, payasos, contorsionistas...) dibujan con su talento el mundo de fantasía de «Ovo», que llega a Galicia el día 21. Detrás del telón, donde tuvimos la oportunidad de colarnos por unas horas, y en los estudios que el Circo del Sol tiene en Montreal se mueve una empresa high-tech que no deja nada al azar

Así comenzaban las funciones de los circos de antaño, en los que un engolado presentador anunciaba con grandes fanfarrias las actuaciones de domadores con leones escuálidos, de trapecistas con remiendos en las costuras de sus trajes y de payasos a quienes ni el maquillaje conseguía ocultar los rostros amargados por dios sabe qué vidas pasadas. «¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo!», exclamaba aquel hombre del sombrero de copa, frac rojo y botas de cuero hasta la rodilla mientras el resto de la troupe saludaba haciendo círculos alrededor de la arena y los padres, desde la grada, se esforzaban en que sus chavales sacasen alguna sonrisa y quizás unos primeros aplausos. En Ovo, el montaje que el Circo del Sol traerá a A Coruña con trece funciones entre el 21 y el 30 de diciembre las ovaciones quedan para el final, después de dos horas en la que los espectadores están con la boca abierta y salen a la calle con la convicción de haber presenciado uno de los mejores espectáculos que se pueden contemplar ahora mismo en el mundo.

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