Muñoz Machado releva a Villanueva en la RAE tras vencer a Juan Luis Cebrián

El director, que toma posesión el 10 de enero, apeló al Gobierno central para que garantice la suficiencia económica


Darío Villanueva (Vilalba, 1950) ya tiene relevo al frente de la Real Academia Española (RAE). Tras anunciar el pasado octubre su renuncia a la reelección, el filólogo lugués, que accedió al cargo en el 2014, dejará el gobierno de la docta casa en manos de Santiago Muñoz Machado, que asume -oficialmente, el próximo 10 de enero- un legado complejo que, pese a una elogiada gestión, está marcado por los problemas económicos que se derivan de una deuda acumulada que supera los dos millones de euros. El jurista cordobés, de 69 años, se impuso claramente a sus dos colegas aspirantes -Juan Luis Cebrián y José Antonio Pascual- ya en la primera votación, y por mayoría absoluta, según detalló este jueves el propio Villanueva. Muñoz Machado obtuvo 22 votos frente a los 13 de Cebrián y el único sufragio que sumó Pascual.

En un gesto simbólico, un sonriente Villanueva, este jueves, antes de abandonar la sala, ofreció «su leal colaboración» y dio paso en el atril a Muñoz Machado para que compareciese ante los medios de comunicación. Después de comprometer «fortaleza, imaginación, esfuerzo y tiempo» para que el prestigio de la institución crezca, los primeros argumentos de Muñoz Machado fueron precisamente para la cosa presupuestaria, que calificó de «cuestión de Estado». Afirmó que la Academia precisa unas garantías económicas mínimas para «funcionar con normalidad y tranquilidad». Y apeló al Gobierno central, del que requirió «un poco de atención», que, añadió, seguro que les prestará porque la RAE necesita conservar su autoridad como «institución de referencia en el mundo».

Como se ha hablado tanto de la urgencia de que el director reuniese en su perfil la condición de gestor -incluso, aducían algunos, por encima de los conocimientos filológicos-, este jueves Muñoz Machado empezaba a responder de sus futuras labores con una responsable defensa de la plantilla de la casa. Un buen administrador, incidía, debe comprobar que todos los trabajadores son imprescindibles, pero él, decía, no tenía razones para pensar que se pueda prescindir de alguien. «El número de personal de la institución depende de sus recursos económicos y esa tiene que ser la primera tarea, conseguir esos recursos», insistió, para matizar que «si hay que hacer reestructuración, será excepcional y limitada».

Asimismo, envió un mensaje de unidad para acallar a quienes hablan de enfrentamiento entre académicos: «Pese a lo que se comenta, es un colegio la mar de cordial. Nos llevamos todos bien, cada uno tiene su punto de vista y a veces chocamos, pero lo resolvemos con mucha educación y los incidentes se subsanan con cordialidad». Como muestra de que la sesión transcurrió con absoluto sosiego, quiso dejar claro que la primera felicitación por la victoria que recibió fue la de Cebrián.

En cuanto a la polémica por el informe que les encargó el Gobierno sobre lenguaje inclusivo en la Constitución, señaló que el estudio será tratado en un pleno de la RAE a finales de enero. «El documento se halla bastante avanzado porque los ponentes han cumplido en tiempo su misión», subrayó, para admitir que él no conoce el texto, aunque cree que «es de extraordinaria calidad técnica». Una vez aprobado por la RAE, se trasladará al Gobierno, que decidirá su destino, aunque Muñoz Machado supone que tal destino «será hacerlo público».

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