Ulrich Raulff: «El caballo ha sido durante siglos el ser vivo más político después del hombre»

En un libro analiza la importancia de este animal en la historia y su decadencia actual


Ulrich Raulff (Meinerzhagen, 1950) trabajó como periodista en dos grandes diarios alemanes, Frankfurter Allgemeine Zeitung y Süddeustsche Zeitung y actualmente dirige el Archivo de Literatura Alemana. Autor de ensayos sobre Marc Bloch, Aby Warburg y Stefan George, publica Adiós al caballo (Taurus), un sorprendente libro en el que da rienda suelta a su erudición para reflexionar sobre la importancia de este animal durante milenios y su estrecha relación con los seres humanos, hasta que ha sido arrinconado en las últimas décadas. Raulff lo analiza desde todos los puntos de vista, político, económico, social, artístico o literario. «Este no es un libro sobre el caballo, sino más bien el libro de un historiador sobre el fin de la era en que el hombre y el caballo hicieron historia juntos», señala.

-¿Por qué decidió dedicar un libro al caballo?

-Existen motivos profesionales y personales. Soy historiador y siempre me ha sorprendido mucho que la historia haya obviado casi totalmente al caballo hasta ahora, sin prestar atención a la gran contribución que ha hecho en los últimos 6.000 años, al papel tan importante que ha jugado desde el Neolítico hasta el siglo XIX, cuando se convirtió en protagonista clave en la industrialización y la modernización.

-¿Y los motivos personales?

-Soy hijo de una mujer que en alemán llamamos «chica de los caballos». De hecho, escribí este libro para ella, que amaba y entendía a los caballos. Yo crecí en el campo, no hay prácticamente fotografías mías de mis primeros 15 años en los que no aparezca junto a un caballo.

-¿Qué se puede aprender de esta forma de enfocar la historia a través de los caballos?

-Nos enseña que los seres humanos en su confrontación con la naturaleza han dependido de otros agentes, entre otros de animales como el caballo. Pero este tenía una cualidad especial porque era capaz no solo de hacer trabajos como la extracción de materias primas o de transportarlas, sino también de transmitir toda la simbología del ser humano, especialmente política. El caballo ha sido durante siglos el ser vivo más político después del hombre. Eso me interesó mucho.

-¿En qué sentido es político?

-Porque, como dijo Oswald Spengler, con el caballo apareció la velocidad en la historia y ese es uno de los medios más importantes de dominio. La política se podía practicar a gran escala. Gracias al caballo no solo era posible conquistar grandes territorios, sino también asegurarlos y controlarlos. También era crucial en la transmisión de información. A partir de ahí aparece el imaginario. Durante milenios el ser humano no se podía imaginar al poderoso de otra forma que no fuera en el icono compuesto de hombre sobre caballo. Hoy es completamente distinto, los dominadores actuales, como la señora Merkel, salen de vehículos de ocho cilindros. ¿Se la imagina montada a caballo?

-¿Qué papel desempeña el caballo en la actualidad?

-Los caballos de hoy son como fantasmas de otros tiempos. Juegan un papel diferente en una economía distinta, la del tiempo libre y el ocio, en el ámbito de las emociones humanas. El caballo se ha visto reducido a un símbolo de estatus o un instrumento deportivo. Pero tiene un presente y un futuro sorprendentes en las prácticas terapéuticas. Tal vez el caballo en el futuro sea uno de nuestros grandes terapeutas.

-Pero aquel animal poderoso se ha convertido en un adorno en fiestas y desfiles, en un elemento de diversión en los hipódromos o en una especie de mascota.

-El caballo en ciertos aspectos se ha convertido en una especie de compensación del mundo natural y analógico que estamos a punto de abandonar, de todo lo que nos ofrecía la presencia de los sentidos y las emociones.

-Destaca la estrecha relación de Napoleón con los caballos.

-Hace unos veinte años vi en París por primera vez un caballo del que se decía que era uno de los preferidos de Napoleón, era precioso. Luego vi en el Museo Nacional del Ejército en Londres el esqueleto de un caballo del que también se decía lo mismo. Yo entonces era periodista y escribí un artículo. Los caballos de Napoleón ya no me dejaron en paz nunca. Una historiadora inglesa escribió una biografía muy interesante de Napoleón a través de sus caballos.

«Hitler los detestaba, no quería ni podía montar»

«Hitler detestaba a los caballos, no quería ni podía montar, de hecho, desmanteló los regimientos de caballería», asegura Raulff.

-¿Qué caballo histórico o de ficción le parece más atractivo?

-Bucéfalo, el caballo de Alejandro Magno, porque se halla al principio de una tradición de héroes equinos que prácticamente se puede seguir hasta Kafka, que escribió un microrrelato titulado El nuevo abogado, en el que este abogado se llama Bucéfalo y, efectivamente, sube las escaleras al galope hacia la sala de juicios.

-En el libro habla del caballo en las guerras y da datos sorprendentes sobre la enorme cantidad de animales muertos en las dos mundiales del siglo pasado.

-El caballo ha jugado un papel muy importante en la historia de las batallas que ha librado la humanidad y ha pagado un alto coste. En la Primera Guerra Mundial se movilizaron 16 millones de caballos, de los que murieron ocho. En la Segunda, el número de caballos muertos fue muy alto, y tenían una expectativa de vida reducidísima, a veces de unos días. Nunca se ha hablado de esto, solo se contabilizaban las bajas humanas, no las de los animales, pero esto está cambiando sustancialmente. Hay una narración muy bella de Jean Echenoz sobre la Gran Guerra titulada 14, que tiene un capítulo sobre los animales y todo lo que sucumbe en la guerra.

-El caballo ha tenido una gran presencia en la literatura

-El caballo protagonizó en el siglo XIX una extraordinaria carrera literaria. Fue un siglo de oro equino. Hasta los autores más urbanos como Balzac, Flaubert, Stendhal, Tolstói o Stevenson lo llevaron a sus páginas.

-Picasso situó en el «Guernica» un caballo como símbolo el sufrimiento en la guerra.

-Sí, el caballo no solo había sido siempre un símbolo del poder, sino que, especialmente desde el siglo XIX, se convierte en un símbolo del sufrimiento.

-Tolstói dijo que se había pasado nueve años de su vida cabalgando.

-Toda su vida montó a caballo y, como dijo uno de sus contemporáneos, subido a caballo era uno de los hombres más bellos que había visto jamás.

-En su libro no aparece un caballo literariamente tan importante como Rocinante.

-Me declaro culpable [ríe]. Ha puesto el dedo en la llaga. Me lo voy a apuntar para incluirlo en la próxima edición.

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