Rosa Montero revisita «Blade Runner», «un mito contemporáneo»

En su última novela, nueva entrega de la detective replicante, Bruna «aprende a amar»


Ancares, año 1984. Rosa Montero recorre una tierra de «pallozas, brañas y pizarra», guiada por el escritor leonés Julio Llamazares. Lo contaría más tarde en su diario en una crónica titulada He visto cosas que vosotros no creeríais y que concluía así: «Y todos esos momentos están perdiéndose en el tiempo». La sombra del replicante del filme Blade Runner (1982) había viajado con ella.

Madrid, año 2110. «Cuando el inspector Lizard desaparece, la detective replicante Bruna Husky se lanza a una búsqueda desesperada del policía». Así arranca la trama de Los tiempos del odio (Seix Barral), la tercera novela protagonizada por esta investigadora después de Lágrimas en la lluvia (2011) y El peso del corazón (2015). La premio nacional de las Letras trajo recientemente su nuevo libro a Galicia, y de él habló en el Ateneo de Santiago y en el ciclo de encuentros con escritores, que coordina Javier Pintor, del Centro de Formación y Recursos del Profesorado de A Coruña.

El primer libro de Bruna, que Montero empezó a escribir hace 8 años, es un homenaje a la citada película de Ridley Scott. «De todos modos -matiza-, mis Brunas no se parecen en nada a los replicantes: las mías son clones y los de Blade Runner son piezas, una especie de robot. Ni su mundo ni mi mundo se parecen nada, pero lo que he hecho es revisitar un mito contemporáneo, como quien revisita el mito de Edipo».

El resultado es Bruna Husky, «una criatura semiartificial que sabe cuando va a morir y tiene memorias artificiales que representan la artificialidad de la memoria humana», explica Rosa Montero. Esas dos cosas dan forma metafórica a dos obsesiones que están presentes desde su primera novela: «Soy muy existencialista, hablo todo el rato de la muerte y de que la memoria es una construcción imaginaria». Ante la obviedad de que los humanos son mortales, apunta: «Sí, pero se las arreglan para vivir como si fueran eternos, salvo un puñado de neuróticos como Woody Allen y como yo, que no podemos olvidarnos». Esto tiene una contrapartida: «Al igual que eres consciente de la muerte eres consciente de que estás viva y eso mucha gente lo olvida. Lo que decía Lennon: ‘‘La vida es eso que sucede mientras los demás nos ocupamos de otra cosa’’. A mí eso no me pasa». En esta novela, «la mejor de las tres, Bruna acepta su fragilidad y aprende a amar», y es que ella es «una superdotada atlética y una minusválida emocional».

Atentados, excesos de poder, odios o el cambio climático [otra obsesión de la autora] son el telón de fondo de esta agitada «novela de amor» en que aparece la sociedad de dentro de un siglo, aunque, para ella, no es una distopía. «Los libros de Bruna son los más realistas; es un mundo que refleja este y tiene partes mejores: por ejemplo, el sexismo casi se ha acabado, se cuida mejor a los animales y luego está lo de los Estados Unidos de la Tierra, que es un estado que en la novela solo lleva 12 años». Habrá una cuarta Bruna pero debe esperar ya que antes está la próxima novela («por ahora le llamo la-del-tren porque hay un hombre en un tren») y un ensayo sobre locura y creatividad.

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