Danza y desarraigos

En «Con el viento», con la bailarina Mónica García como protagonista, Meritxell Colell filma un retrato familiar del ocaso de la cultura campesina

Concha Canal (izquierda) y Mónica García, en una escena de «Con el viento»
Concha Canal (izquierda) y Mónica García, en una escena de «Con el viento»

redacción / la voz

En 1979, el escritor británico John Berger publicó un libro, Puerca tierra, que, entre las diversas lecturas que ofrecía, abordaba el fin de una civilización milenaria, la de la cultura campesina de Europa. Un ocaso prolongado, que sigue proporcionando argumentos de reflexión y emoción a los creadores que deciden acercarse a él.

Mañana llega a los cines Con el viento, el debut de la cineasta Meritxell Colell (Barcelona, 1983), una película que es tanto un retrato de una familia como el de un mundo que se acaba. La protagonista, una bailarina afincada en Buenos Aires -interpretada por Mónica García, conocida en Galicia por sus trabajos con la compañía Matarile Teatro-, debe regresar a su pueblo de origen, en Burgos, a causa de la muerte de su padre. El retorno trae aparejado una nueva convivencia con su madre, relaciones tirantes con su hermana y de complicidad con su sobrina y, además, el desasosiego que uno experimenta de adulto en la casa de la infancia de la que se ha alejado durante años.

Colell se fue a Buenos Aires en el 2005 a estudiar cine y se quedó allí tres años. A su vuelta, sintió «la urgencia» de documentar el pueblo de sus abuelos, un impulso sobre al que luego se añadió la necesidad de abordarlo desde la ficción. La cineasta adopta así, en la película, la máscara de la ficción de la danza: la directora conoció a Mónica García en el 2014 y supo entonces que era ella quien debía interpretar el personaje. Se inició entonces un diálogo, en persona o diferido, a través de la correspondencia, entre ambas, sobre el trabajo en torno a la protagonista del filme, un proceso que continuó durante el rodaje. «No hubo un guion, sino que construimos la película desde el personaje, preguntándonos por sus porqués, por sus reacciones», describe la cineasta.

Quería entender a mi abuela, a ella y también su relación con el mundo del que venía

Con el viento retrata un doble desarraigo, como lo define Colell: «El de quien se ha tenido que ir fuera para emprender su carrera, como le ha pasado a casi todo el mundo que se dedica a la danza en España, pero también el de los que abandonaron el pueblo para irse a la ciudad, como mi madre, que lo dejó con 13 años para poder estudiar». El rodaje se desarrolló en Las Loras, pero podría encarnar cualquiera de las zonas del interior gallego que se están quedando abandonadas. Viuda, la madre de la protagonista debe enfrentarse a la venta de la casa familiar, una dolorosa decisión. «Ese personaje se creó a partir de muchas conversaciones con mi abuela. Quería entenderla no solo a ella, sino también su relación con ese mundo del que venía, sus raíces más profundas», relata Colell.

Son cuatro mujeres -madre, hijas, sobrina- las que configuran ese «matriarcado oculto» que refleja Con el viento. «La película se planteó desde la reflexión sobre la relación madre-hija, y cómo influye en ella esa misma relación en la generación anterior», analiza la cineasta. «Pero desde ahí es cierto que el sentido se fue ampliando, con esos conceptos femeninos: madre, raíz, tierra. Curiosamente, en el pueblo ahora viven seis hombres solos y en invierno casi no se ven entre ellos. La mujer hace comunidad, crea red, teje relaciones», concluye Colell, quien el día 1 estará en Santiago (Numax, 11.30 horas) para hablar de su filme.

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