La «Comedia» de Dante se puede leer

El próximo miércoles llega a las librerías una precisa versión, a cargo de José María Micó, de la obra que refundó la literatura medieval


Como ocurre con el Ulises de Joyce, se cita una y otra vez y sin dudar la Comedia de Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321) entre las más grandes obras de la literatura universal, y no siempre se reconoce que no se ha leído. Son textos complejos, llenos de referencias, de una elaboración literaria en buena medida al alcance de solo unos pocos iniciados y que deja el disfrute de la Ilíada, el Quijote y el Gargantúa y Pantagruel al nivel del divertimento. Porque exigen unas enormes dosis de paciencia, tenacidad y compromiso. Máxime en el caso del autor florentino, si se valora que han pasado más de 700 años desde su publicación. Pero es que este magno poema -estructurado en 14.233 versos que se distribuyen en cien cantos- es la luz de ese túnel por el que el medioevo entró en la modernidad, en el Renacimiento. Los exégetas tampoco se han mostrado habitualmente dispuestos a restarle gravedad al texto, a sus pasajes del horror, y es por ello que Ángel Crespo -su traducción es todavía referencia en la lengua castellana, aunque a veces se discuten sus licencias con la obra de Pessoa- solía hablar de que a Dante lo acompañaba un «cierto olor a azufre en toda su persona». Lo dantesco pesaba sobre Dante en los años setenta del siglo XX -cuando el poeta ciudadrealeño abordó tan osada empresa- y sigue pesando ahora.

De hecho, no hace mucho, en estos tiempos en que impera lo políticamente correcto, una consultora de expertos e investigadores instó a la ONU, atendiendo a la protección de los derechos humanos y la educación, que la Comedia fuese excluida de la enseñanza escolar por su antisemitismo y por atentar contra los valores de la cultura islámica y la comunidad homosexual.

Se ve que el esfuerzo en la segunda mital del siglo XIX de dos brillantes generales -Juan de la Pezuela, conocido como Conde de Cheste, y Bartolomé Mitre, que llegó a presidente de Argentina- no logró iluminar la obra de Dante. Sus decimonónicos resultados trataban de enmendar aquellas pioneras versiones medievales de Enrique de Villena, en prosa, y de Andreu Febrer, en verso y en catalán. Desde entonces, se han sumado otros muchos trabajos, y, entre ellos, destacan con luz propia la versión catalana publicada en el 2000 por el escritor valenciano Joan Francesc Mira y la gallega a cargo del poeta lucense Darío Xohán Cabana. Mucho antes de que en el 2013 llegara al gallego el Ulises de Joyce, la Xunta editó en 1990 A divina comedia -que mereció la medalla de oro del Ayuntamiento de Florencia por «la mejor traducción hasta el momento disponible en el ámbito gallego-portuguesa-brasileño»- y reeditó en el 2014 concienzudamente revisada: «Esta de agora -afirmaba Cabana en el prólogo- é completamente nova, resultado do traballo continuo e obsesivo destes tres últimos anos».

Dramática y tenebrosa en el Infierno, pictórica y melancólica en el Purgatorio y luminosa y musical en el Paraíso, aseguraba George Steiner algo así como que el periplo de Dante por los tres reinos ultramundanos dejaba los viajes de los navegantes de la Edad Media y el Renacimiento en «meros paseos». A sabiendas de que todo traductor es un traidor [traduttore, traditore], este personalísimo universo dantesco es lo que trata de reflejar -con prístina limpidez- el poeta barcelonés José María Micó (1961) en su nueva versión de la Comedia, que el sello Acantilado trae a las librerías el próximo miércoles. «Hay obras maestras que se empiezan sin plan preciso ni determinado y cuyos autores van haciendo de la necesidad virtud, rizando el rizo de la invención. El mejor ejemplo es tal vez el Quijote, pero la Comedia pertenece evidentemente a otra categoría, la de las obras que son el resultado de la premeditación, la deliberación y la perseverancia de sus autores. En el caso de Dante, exiliado de Florencia y condenado a la hoguera si volvía a su ciudad, no sería inadecuado hablar incluso de contumacia, de insistencia en el imperdonable error de crear algo profundamente nuevo e insólitamente personal». Esta nueva traducción de José María Micó, melódica, precisa e inspirada, invita al lector de habla hispana a adentrarse en y acompañar al poeta en su viaje por.

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