Sergio del Molino cartografía los límites de la España fronteriza

En «Lugares fuera de sitio», premio Espasa, se acerca a «enclaves anacrónicos»


melilla / colpisa

De la España vacía a la olvidada. De los páramos a los territorios de frontera. Es el penúltimo recorrido de Sergio del Molino (Madrid, 1979) que en Lugares fuera de sitio, el ensayo que le procuró el Premio Espasa 2018, explora esos enclaves limítrofes dejados de la mano de Dios. «No es un libro de viajes», advierte tras su periplo por «las esquinas dobladas del mapa». Lo dice callejeando por la vieja y fortificada Melilla, la frontera africana de Europa y el destino de miles y miles de «ulises» subsaharianos. En esa Melilla fronteriza y legionaria quiso presentar esta crónica de «enclaves anacrónicos, con vocación de lugares molestos y que estropean la armonía de los mapas».

«Soy un viajero, pero el viaje no es lo importante de este libro, como tampoco lo era en La España vacía. No me interesa dialogar con el género, porque no soy un escritor de viajes», indica Del Molino, que además de Melilla, visitó Ceuta, Andorra, Olivenza, Llivia o Rihonor de Castilla. Fronteras «vivas y fósiles», territorios limítrofes, «extraños, marginales, y algunos insignificantes» que radiografía. Los define como «rescoldos fríos de un país hecho de guerras civiles desde la primeras imaginaciones romanas y que siempre se quiso frontera». Unos enclaves «en los que se resumen y agrandan los dilemas nacionales», donde «resulta difícil definir qué es dentro y qué fuera, quién pertenece y no a la sociedad, y en los que afloran los conflictos».

«Desde la periferia se percibe a España como el enemigo», dice lamentando la confrontación que alimentan el populismo, el nacionalismo y el independentismo. «Se traslada la idea machacona de que España es algo agresivo, nocivo, depredador y terrible», denuncia. «Es muy injusto que se perciba así, cuando España es un marco de convivencia, muy mejorable y que se puede discutir, pero que no es violento, ni agresivo ni machacante para sus habitantes», plantea. Aun así, lamenta que en vez de ganar se pierda calidad democrática. «La guerra la están ganando las tribus, aquí, en Europa y en todas partes», asegura este atípico ensayista, cronista y narrador. «La noción ilustrada y liberal de democracia está en franco retroceso. Tenemos la memoria muy frágil y se nos olvida qué pasó cuando las tribus comenzaron a palear hace ochenta años», arguye.

Ha recorrido del Molino territorios que son «minúsculos errores de la historia» y «restos de imperios fracasados». «Lo que queda de las fronteras en un mundo en el que creemos que no existen, cuando la frontera es un invento muy contemporáneo que perfeccionamos cada vez más», apunta. «Algo en lo que tenemos superioridad con respecto a Trump, a quien los europeos miramos por encima del hombro, cuando está aprendiendo de lo que hacemos en Melilla». «Nosotros ensayamos y él lo pone en práctica», ironiza.

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