Neila García: «Los traductores ayudamos a que nos entendamos bien»

La ourensana fue distinguida con el Premio Nacional de Traducción por su versión del sueco de la poesía completa de Edith Södergram


redacción / la voz

Neila García Salgado (Ourense, 1991) recibió ayer en su casa de Viena la noticia de que el Ministerio de Cultura español le concedía el Premio Nacional de Traducción por su versión del sueco de Encontraste un alma. Poesía completa (Nórdica), de Edith Södergram. En la capital austríaca alterna trabajos temporales como intérprete para la ONU y la traducción literaria del sueco, pero también del inglés y del alemán.

-¿Cómo nace ese interés suyo por el sueco?

-Desde pequeña tuve interés por Escandinavia. Quise estudiar alguno de sus idiomas, pero entonces en Ourense no se podía estudiar ninguno, no sé ahora. Lo más parecido era el alemán y eso fue lo que elegí. Ya en la carrera pedí una beca Erasmus, dudando entre Islandia y Suecia, pero al final me fui a Suecia, donde me quedé unos meses más para hacer unos cursos intensivos. Luego me fui a Alemania y allí sí que se puede estudiar sueco en la universidad.

-¿Cómo describiría el libro de Södergram que ha traducido?

-Además de la dificultad que supone que sea poesía, la autora nació en una zona fronteriza, entre la actual Rusia y Finlandia, donde el sueco era minoría y el idioma era muy arcaico. Era una lengua materna pero familiar. Eso hace difícil la traducción. Luego, es una obra muy moderna, que se puede sentir muy actual. Desde el jurado me decían que la voz de esta autora no era lo suficientemente bien conocida aquí, que era una pena que no hubiese tenido más presencia hasta ahora.

-Los traductores tienden puentes entre culturas. En estos tiempos ¿son más necesarios que nunca, para ayudar a entendernos?

-Sí, para ayudarnos a entendernos bien.

-¿Cómo es su trabajo? ¿Se cumple el tópico de la soledad, en compañía de diccionarios?

-Es supersolitario. Nunca me había considerado una persona muy sociable, pero después de pasar semanas de ocho horas diarias traduciendo sí que se hace muy solitario. Es un trabajo muy gratificante, pero que también puede llegar a ser desesperante. Estás tú sola ante el texto, en muchos casos no puedes hablar con el autor, que no digo que sea mejor o peor... pero es esa sensación de estar solo ante el peligro. Aunque es hasta cierto punto, porque siempre que he tenido una duda mis compañeros traductores me han respondido encantados ya que han estado antes en la misma situación.

-¿Y qué cualidades necesita un buen traductor?

-Es cierto que hay que conocer bien la lengua de origen, pero incluso más importante es dominar la de llegada. La gente dice que es bueno leer mucho y estoy de acuerdo, pero creo que también hay que leer con sensibilidad. Hay que analizar el texto y sentirlo, ser capaz de poner en relación no solo una y otra lengua ya que la literatura no deja de ser un reflejo de muchas otras cosas: hay que tener curiosidad por la historia, el arte, un poco por todo.

-La invisibilidad a la que aspira el traductor en la página, entre autor y lector, no está reñida con el reconocimiento de su trabajo. ¿Se los valora más?

-Creo que se está mejorando. En ese sentido, es muy importante que los traductores se asocien, que actúen como grupo y que colectivamente defiendan sus derechos. Ya en la carrera se nos animó a ello, y se nos explicaba a qué tipo de contrato debíamos aspirar, en cuáles se respetaba nuestra figura y cuáles no. Yo he traducido bastante para Nórdica y estoy muy contenta, aunque todo el mundo sabe que hacen una muy buena labor editorial y que reconocen al traductor, pero me consta por compañeros que hay sitios donde no siempre es así.

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