Murakami madura el camino del Nobel

HÉCTOR J. PORTO REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Murakami, retratado en el 2011, en una visita a Barcelona
Murakami, retratado en el 2011, en una visita a Barcelona Iván Giménez

La última novela del popular escritor nipón, «La muerte del comendador», llega el próximo martes a las librerías

06 oct 2018 . Actualizado a las 10:24 h.

Murakami va camino del Nobel. Inexorablemente. El escritor japonés parece además aspirar íntimamente a este reconocimiento, tener fe en lo que significa, pese a los escándalos que han llevado a la Academia Sueca a dejar en blanco el año 2018 en la nómina del prestigioso galardón literario con el objetivo de recuperar una confianza pública seriamente dañada: abusos sexuales, tráfico de información, nepotismo, dimisiones y hasta una condena de cárcel por violación para Jean-Claude Arnault, artista francés en el epicentro de este sonado terremoto casado con la poeta y ya exacadémica Katarina Frostenson.

Las posibilidades del autor de Tokio blues (Norwegian Wood) y Kafka en la orilla están al alza después de que haya además renunciado a la carrera de finalistas del Premio de la Nueva Academia en Literatura, instituido como alternativo e impulsado por más de un centenar de intelectuales y personalidades de la cultura sueca reunidos en The New Academy. Tal desistimiento ha dejado al británico Neil Gaiman -que sí parece entusiasmado con sus expectativas- como claro favorito ante la escritora francesa nacida en Guadalupe Maryse Condé y la vietnamita Kim Thúy. Murakami solo alegó, y así lo comunicó vía Facebook, que quería «concentrarse en escribir, lejos de la atención mediática». De la importancia de la posición de Haruki Murakami (Kioto, 1949), muy por encima de lo que convencionalmente se entiende por la condición de literato, habla a las claras, por ejemplo, el hecho de que su mera nominación para este premio recién creado provocase (antes de que se aceptase su exclusión) que se disparase en la Bolsa de Tokio el valor de las acciones de varias cadenas de librerías niponas, entre ellas Bunkyodo y Maruzen.

Su estatus, se ha dicho en ocasiones, se asemeja más al de una estrella de rock. Él siempre ha mostrado un especial amor por la música, no solo por la omnipresencia de referencias en su obra narrativa -con The Beatles a la cabeza-, casi con banda sonora propia. Y es que a mediados de los setenta regentaba un club de jazz en las afueras de Tokio; fue por aquel entonces cuando empezó a escribir en serio.