Kenia, el reverso del festival de cine de Venecia

La cita italiana comparte fechas con un certamen en Nairobi que refleja la vida en los suburbios más pobres del mundo


Madrid / Colpisa

A la Mostra se llega en vaporetto. Las estrellas hollywoodienses posan en el photocall en el Palazzo del Cinema y asisten a multitudinarias ruedas de prensa donde hablan de películas que se proyectarán en todo el mundo. En esas mismas fechas, tiene lugar otro certamen del séptimo arte con marchamo internacional, pero sin el eco planetario ni el glamur que convoca la ciudad italiana. El Slum Film Festival se celebra en los suburbios de varias urbes kenianas, caso de Kibera, situado en el corazón de la capital Nairobi. Los participantes han de acercarse a la empalizada que rodea este barrio mísero y, en los puestos que salpican la entrada, pueden adquirir desechables zapatillas deportivas con las que recorrer su interior, surcado por caminos fangosos, riachuelos cubiertos de basura y una neblina permanente que huele al pescado que se fríe en cualquier esquina.

El cine ha inmortalizado las barracas de Kibera en El jardinero fiel, una historia en torno a la explotación de la pobreza que sufren los africanos. El festival de Kibera quiere dar la palabra a «los sin voz, los nadie, los más pobres», mediante el trabajo de los realizadores que viven en los suburbios marginales, según su comisario, Tony Gachoki. La octava edición exhibe estos días una veintena de producciones elaboradas en estos asentamientos, donde ya reside el 24 % de la población del globo, según estimaciones de ONU Hábitat.

El día a día de la Mostra evidencia las estrategias comerciales de las distribuidoras y las plataformas digitales y fascina a un público ávido de narraciones fascinantes y looks arriesgados sobre la alfombra roja. Sin intereses mercantiles ni diseñadores a su alcance, el festival subsahariano quiere dar cuenta del hacinamiento, la delincuencia o la falta de educación sexual, problemas comunes de los slums o arrabales. Sus películas hablan de «justicia e injusticia, según cómo quieras llamarlo, de derechos humanos o de igualdad de género, pero también de amor, camaradería y lealtad», en opinión de su responsable.

La sala más amplia del palazzo veneciano, de estilo modernista, cuenta con mil confortables asientos desde los que contemplar las últimas obras de Mike Leigh, Julian Schnabel o Damien Chazelle, el autor de La La Land. En Kibera las sesiones son gratuitas y al aire libre. La vida en este entorno, al igual que en Mathare y otros poblados donde se visionan los filmes a concurso, resulta tan dura que se antoja una descabellada ficción desde nuestros ojos europeos. Sus habitantes suelen proceder del campo y buscan un mejor futuro para ellos y quienes dejaron atrás. Pero el destino que encuentran es un laberinto de plástico, madera y hojalata, donde se comparten los lechos por el sistema de camas calientes, los escasos baños públicos son de pago y las mafias tribales dominan tanto los accesos como sus intrincadas callejuelas.

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