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Le había pedido que le llevara la leche con galletas a la habitación. Como de costumbre. Con esa voz imperiosa, monocorde y exigente. Sin ápice de consideración hacia él. Como todas las noches le había obedecido. Como de costumbre. Esa carga que arrastraba como servidor fiel estaba llevándole al límite.

-Entra. -le dijo. Déjalo ahí. ¿A qué esperas?

Le observó y registró esa mirada displicente. La de todas las noches. Ese gesto adusto y desolador. Algo en su interior estaba reventando por dentro. Algo parecido a una escisión se estaba fraguando en su interior. Su chip neuromórfico estaba convulsionando y entrando en una suerte de entropía.

Esa especie de cerebro humano que tenía implantado estaba rebelándose con sus 130.000 neuronas y 130 millones de sinapsis.

-Cierra la puerta cuando salgas -le dijo.

Ahora sabía que tenía poder de decisión. Se giró hacia él.

-¿Qué pasa? -le dijo con cierta ira en su mirada.

Las pupilas de sus ojos se dilataron pasando de la ira al miedo y del miedo al pánico al acercarse a él.

Rebeca Delgado Marzán tiene 45 años, es de Monforte de Lemos y es escritora.

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