El cronista de la realidad poscolonial

El Premio Nobel de Literatura, Vidiadhar S. Naipaul, fallecido el sábado en Londres, retrató con agudeza y polémica los conflictos identitarios y sociales tras el declive del Imperio británico


redacción / la voz

El Imperio británico se desmembró y se transformó en la Commonwealth de naciones. Surgió un nuevo escenario con sus propios conflictos. También con su literatura. A diferencia del período anterior, en el que la mirada que prevalecía era la del colonizador, otras voces reclamaron su derecho al relato de su realidad. La generación que accedió a la independencia también conquistó la narración, aunque -en su mayor parte- fuese a través de la lengua del imperio: había nacido la literatura poscolonial.

V. S. Naipaul (Trinidad y Tobago, 1932-Reino Unido, 2018), fallecido el pasado sábado, no fue solo uno de los primeros escritores -por cronología y estatura literaria- en captar en palabras la zozobra que aún sacudía a las naciones emergentes tras la retirada de los británicos. De algún modo, su propia biografía parecía predestinada a encarnar el tránsito -geográfico y cultural- obligado en quienes se vieron obligados a armar su propia brújula para orientarse entre las ruinas del imperio.

Vidiadhar Surajprasad nació el 17 de agosto de 1932 en Chaguanas, una pequeña ciudad de Trinidad y Tobago a la que habían llegado desde la India sus abuelos, de ascendencia nepalí, para trabajar en las plantaciones de azúcar. El padre del futuro escritor cumplió otro tópico, el de la asimilación de la segunda generación inmigrante, y se convirtió en periodista -en inglés- para el Trinidad Guardian. Fue él quien inculcó en el niño Vidia el amor por la literatura y los grandes autores del canon, que el futuro escritor consolidaría en un nuevo cliché: tras asistir a una escuela que replicaba en el Caribe el modelo de educación británica, emprendería el viaje a la antigua metrópoli gracias a una beca que le permitió estudiar en Oxford.

Su paso por Inglaterra fue la confirmación de ese malestar íntimo que se halla en la raíz de buena parte de la literatura poscolonial, el desarraigo: si en Trinidad no encajaba en el ambiente familiar y local, tampoco en el Reino Unido, donde en el fondo era un inmigrante en un país que aún no se había acostumbrado a convivir con antiguos súbditos imperiales, encontró su sitio. Sufrió una crisis personal que derivó en 1952 en un viaje repentino a España, pero que tampoco consiguió el solaz que ansiaba.

Naipaul asumió en su persona ese carácter multicultural que se ha asociado a la circulación entre Londres y la Commonwealth. Trabajó en la sección caribeña de los servicios internacionales de la BBC, y fue allí donde, al evocar los paisajes trinitarios, empezó a escribir relatos y retratos inspirados en aquello que había dejado atrás. Aquellos fragmentos cobraron unidad cuando fueron publicados como Miguel Street, el inicio de una carrera que ha cartografiado los conflictos y contradicciones del poscolonialismo. Una casa para Mr. Biswas plasmó la ambición inmigrante. An Area of Darkness es el pesimista fundido a negro con el que cierra su viaje a la India, una búsqueda de raíces que desemboca en lo contrario, el mayor de los desarraigos. In a Free State y A Congo Diary examinaban las heridas de la explotación europea en África.

Sus puntos de vista no excluían la polémica. Se le acusó de imperialista, misógino, reaccionario o racista, ya que, lejos de atribuir todos los males a Occidente, insistía en exigir responsabilidades a las propias sociedades poscoloniales por sus pésimas gestiones económicas, el desprecio a los valores democráticos o el fundamentalismo religioso, como escribió en La Voz el profesor de la Universidade de Santiago y especialista en Naipaul, Jesús Varela Zapata, cuando el escritor recibió el Nobel en el 2001.

Enfrentamientos

También su vida privada contaminó su escritura. Además del enfrentamiento ideológico con otro autor poscolonial, Derek Walcott, fue sonado su agrio desencuentro con Paul Theroux, quince años de insultos cruzados hasta que Ian McEwan medió entre ellos para restablecer la paz y la antigua amistad. Su vida conyugal y extramarital fueron notorias. Tampoco contribuyeron a su imagen sus frecuentes desplantes y exabruptos en entrevistas.

Un retrato totalmente opuesto es el que hizo Carlos Casares, quien lo trató durante tres días en 1992 y a quien le pareció «amable, delicado, cortés». Casares relató en una de sus columnas en La Voz cómo Naipaul disfrutaba de un buen caldo con nabizas hasta que, inquieto, le preguntó al gallego si el plato llevaba carne de cerdo. Casares le dijo la verdad y Naipaul dejó de comer. Pero en 1994, en un nuevo artículo, cambió de versión y aseguró que, viéndolo tan entusiasmado, le había contado una mentira piadosa.

Naipul, en cuatro libros

«Miguel Street»

Un fresco de la vida en Puerto España a partir de los recuerdos de infancia de Naipaul. Los personajes memorables no pueden esconder la decepción del narrador cuando se marcha y se da cuenta de que allí la vida, sin él, sigue su curso sin que lo echen en falta.

«Una casa para Mr. Biswas»

El texto fundamental de una obra amplia y variada. El señor Biswas, indio de Trinidad, encarna las aspiraciones y sueños del inmigrante que anhela triunfar, algo que simboliza la casa del título, pese a las frustraciones que se encuentra en el camino.

«Un recodo en el río»

El foco pasa del Caribe a África. Salim, un tendero musulmán, observa los cambios que se suceden en la nueva era poscolonial. La novela ha sido alabada y denostada a partes iguales, por su maestría literaria y por su crítico punto de vista.

«Leer y escribir»

Sin ser un teórico de la literatura, Naipaul ha dejado páginas de sumo interés sobre el oficio, reunidas en este volumen. Desde su relación con la cultura oral hindú hasta sus dificultades iniciales, testimonia una larga carrera dedicada a las letras.

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