Y el Óscar es... para la más taquillera


A (casi) nadie le sorprende que la Academia de Hollywood desee añadir otra más a las 24 categorías que componen sus Óscar anuales. La propuesta tiene truco: se dará a la película más popular. Hablando en plata, a uno de los taquillazos del año, que muy pocos resultarán un bodrio pero en más de una ocasión será un título que nada aporte a la excelencia cinematográfica, que es (se supone) la base de cualquier premio vinculado al séptimo arte.

En la pasada ceremonia, la 90.ª edición, no llegaron a 27 millones de espectadores, migajas si lo comparamos con la final de la Super Bowl de febrero, con un global de 200 millones, la mitad locales. Una ceremonia deportiva generadora de una notable cantidad en ingresos publicitarios, que la fiesta de las estatuillas doradas recoge no tanto en una taquilla inmediata como en su condición de gran campaña de marketing para reafirmar el (cada vez más cuestionado), liderazgo de Hollywood en la industria del entertainment audiovisual. Por eso, en la Academia no sienten las piernas…

Categorías

Achacan la gradual pérdida de audiencia a su excesiva duración y al desequilibrio entre categorías. Consideran que las llamadas menores (o técnicas, tirando de eufemismo) solo interesan al gremio pero nada a los televidentes, lastrando el espectáculo. Estudian otorgarlos mientras en pantalla nos abrasan a publicidad. Es otro motivo para la polémica. Aumentaron de cinco a diez las finalistas con la débil coartada de una mayor pluralidad, cuando solo se respondía a las presiones de las majors, pues así se pone el foco mediático en una mayor oferta, ya que la etiqueta «candidata» otorga un plus de actualidad (léase taquilla) durante ese breve reinado. Finalmente, y en términos noticiables a posteriori, tendremos una bicefalia muy indigesta: podría ser que la marveliana Black Panther se llevara esa nueva categoría y la coeniana Holmes & Watson la de toda la vida, dejando animación y habla no inglesa como las primas tontas. Pero ¿qué película ganó realmente?... Aportemos otra propuesta: en un mundo tomado por las redes, qué tal si votamos todo quisque, desde San Francisco a Katmandú, desde O Carballiño a Sebastopol… Seríamos millones esperando a la quiniela, aunque dure cinco horas. Sin descartar un sistema de apuestas. Con todo, los Óscar ya nunca serán lo mismo.

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Y el Óscar es... para la más taquillera