Christina Rosenvinge: «Las niñas se disfrazaban de mí»

La cantante llega a Galicia el próximo miércoles para participar en el festival Noroeste de A Coruña


Redacción / la voz

De una u otra manera, Christina Rosenvinge (Madrid, 1964) siempre ha estado ahí. Desde que hizo chas y apareció al lado de una generación que se dejó fascinan por el pop almibarado de Alex y Christina se hizo fija. Ha pasado épocas de mayor o menor exposición pero su rostro, tarde o temprano, aparecía ahí, como ese amigo o familiar que nos visita de cuando en cuando. A Galicia llega próximo miércoles. Estará en el festival Noroeste de A Coruña.

-Allá por 1987 ya era una «influencer». Todas las niñas de mi colegio querían sus leotardos.

-Sí, totalmente [risas]. En los conciertos de Alex y Christina me las encontraba. Las niñas se disfrazaban de mí. Era lo más bonito de ese proyecto. Algo totalmente inesperado.

-Y de ahí pasamos a lo de la «musa indie» actual. Uno de cada dos artículos sobre usted usan esa expresión. ¿Qué le parece?

-Bueno, el de musa es un papel pasivo. Las musas inspiran a los genios, no son creadoras. Es un cliché que hay que romper. Cuando lo leo no me lo tomo muy en serio. Me lo tomo como un síntoma de que la mujer creadora no tiene un papel tan reconocido como el del hombre.

-¿Era una adolescente rebelde?

-Sí, tuve una juventud punki en la que mi familia no era muy consciente de lo que hacía. Ellos no podían concebir que cuando salía realmente tocaba en un grupo punk. Porque, además, yo en esa época hacía ballet clásico. Llevaba doble vida [risas].

-¿Se ha perdido esa fuerza rompedora y rebelde del rock?

-No, lo que ocurre es que igual está en otros lugares. La adolescencia y la juventud siempre se enfrenta a la generación anterior, la cuestiona y la critica. Es un ejercicio muy saludable y necesario. Yo tengo hijos adolescentes y veo que son igual de combativos. Eso sí, el rock ya es la música de sus padres. Ellos van por otros caminos.

-¿Que le parece el reguetón?

-Hay gente escandalizándose por las letras sexuales. Son fantasías exageradas de hombres que seguramente sean todo lo contrario, ya que denotan una tremenda inseguridad hacia las mujeres. Hay que saber leerlo más allá de eso. Lo que creo que es necesario es que haya un discurso femenino tan potente como el masculino.

-¿Antes se cuestionaba la poca presencia de mujeres en los festivales como ahora?

-No para nada. Yo he tenido discusiones porque me ponían bajo la etiqueta de rock femenino. Yo les decía: ¿Qué es? ¿La liga de baloncesto? ¿No podemos estar todos en la misma liga? Podíamos.

-En los noventa se definía como feminista, pero no «de las que quemaban sujetadores».

-Eso era una frase con ironía. Quemar sujetadores en su momento tuvo razón de ser. Yo también los habría quemado. Estaban hechos para ocultar el cuerpo femenino, no para la comodidad.

-¿Cómo eran?

-Con metal. Lo sé porque me he puesto un sujetador de mi abuela, que era increíble [risas].

-La mánager de un grupo masculino me contó que una vez los técnicos le dijeron: «Las novias de los músicos no pueden estar aquí». ¿Le ha pasado alguna vez?

-No. Pero es que también yo siempre he estado en situación de ser jefa de mi proyecto. Sí que me ha ocurrido que los técnicos le ponían el ampli de guitarra a un tío. No pensaban que las chicas eran instrumentistas. Se supone que todas éramos cantantes. Hace tiempo era así. Eso son micromachismos que salen por inercia. No los culpo. El problema está antes.

-¿En dónde?

-En la educación. Cuando las niñas tienen inquietudes musicales se dirigen hacia otros campos. Una chica no concibe que pueda convertirse en la mejor guitarrista del momento. Y, sin embargo, sí que lo puede ser. La falta de ejemplos femeninos llevaba a eso.

-En 1989, en el clip de «El souvenir» hacía de sufrida ama de casa. Al final ponía una bomba a la casa con el marido dentro.

-Era un vídeo contra el matrimonio tradicional en el que la mujer se quedaba en casa y el hombre salía a trabajar. Yo tenía unos 20 años y ya veía muy peligroso hacer ese pacto.

-Pues vaya, todo el mundo asocia a Alex y Christina a algo muy dulce e inocente.

-Uy, teníamos muchas canciones feministas pero con un envoltorio lúdico, pop y gracioso.

-¿Por qué escribe canciones?

-Leo la prensa, hablo mucho con la gente, estoy atenta al momento en el que vivo e intento comprender. Todas las conclusiones a las que llego acaban en mis canciones. Para mí es un proceso muy natural.

-¿Usted es de verano o de invierno?

-Me encanta el verano por la parte social que tiene y ese punto sensual de estar todo el día en bañador en contacto con la naturaleza. Pero también me gusta mucho el invierno. No puedo elegir.

-Imagínese que pudiera ser la presidenta del Gobierno. ¿Qué haría nada más llegar?

-Uy, no tengo la menor idea [risas]. Con esta ola de calor brutal no puedo pensar en eso.

-¿Bajar la temperatura?

-Sí, quitarle un par de grados. Eso estaría bien.

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