Alberto San Juan: «Sin humor no hay pensamiento»

El actor representará el monólogo «Autorretrato de un joven capitalista español» en Vilagarcía el próximo día 14


Redacción / la voz

El actor que encarnaba al taxista jeta de El otro lado de la cama se tuvo que reinventar a principios de la década. «Estaba sin trabajo y tenía que hacer algo», recuerda Alberto San Juan (Madrid, 1968). De ahí salió Autorretrato de un joven capitalista español, un monólogo que en clave de humor analiza como «un país que supuestamente era tan próspero como España de repente acabó como acabó». Lo representará en Vilagarcía el próximo día 14 en el Salón García. Es el plato fuerte del Festiclown.

-¿Política con una sonrisa?

-Bueno, mi escuela de teatro ha sido la compañía Animalario, donde he estado 15 años. El humor era natural y parte de nosotros, en el trabajo y en la vida. Está en mi aprendizaje.

-También en la familia.

-Sí, claro. Mi padre, Máximo, el dibujante, trabajaba con el humor y supongo que algo habré heredado.

-¿Es un elemento clave?

-Supongo que sí, que es fundamental. Sin humor no hay pensamiento posible. Yo cuando actúo no doy una conferencia, ni voy a enseñarle algo a nadie. Voy a disfrutar con la gente. Si luego le hago remover su pensamiento, perfecto. Pero mi intención principal es ir a disfrutar.

-Habla de dramas como los desahucios en clave de humor. Alguien dirá que es una frivolidad.

-No, el humor no frivoliza en sí. Al contrario, puede potenciar el drama por el contraste que genera. El humor no tiene porque ser banal.

-Lleva ya cinco años con el espectáculo y sabe perfectamente cuándo llegan los momentos de risa. ¿Qué pasa cuándo una noche la gente no se ríe?

-Pues que es una verdadera faena [risas]. Cuando ocurre, nada, tiras para adelante, te lo curras e intentas que se reconduzca la cosa cuando antes.

-¿Qué se piensa en esos segundos de silencio eternos?

-Que si yo quiero que se ría la gente y no lo hace es que no estoy sabiendo comunicarme. Unos días tienes más brillo que otros. Eso pasa. A veces hay un ambiente más serio en el público, pero yo creo que casi siempre depende del que está en el escenario. Si te toca, te fastidias.

-¿Esa incertidumbre da vértigo o placer?

-Las dos cosas. Afortunadamente, salir a un escenario dejó de darme miedo. Me costó mucho. Me excita, me pone en un estado que es como una droga para mí.

-¿Buena?

-Muy buena. Las experiencias que me aporta no son nada oscuras.

-Dice cosas graciosas con el rostro muy serio. ¿No es una paradoja?

-Bueno, depende. A veces también pongo cara de gili.

-No lo recuerdo echando una carcajada nunca.

-Mmm... No lo sé, la verdad. Hago lo que puedo. Depende de dónde esté trabajando.

-El monólogo que viene a representar a Galicia ha tropezado con la pelea política. En Granada querían suspenderlo. ¿Qué piensa?

-Los partidos políticos en general no buscan transformar la sociedad, sino el poder en sí. Sin más. Viven en una especie de competencia comercial con el resto. En ese caso, mi obra y yo no importamos nada. Solo somos una excusa para que un partido determinado, en este caso el PP en la oposición, se metiera con el partido en el gobierno, el PSOE, utilizándome a mí como excusa. Todo esto en un contextos de retroceso gravísimo en las libertades, en especial la libertad de expresión.

-Golpes Bajos cantaban «Malos tiempos para la lírica». ¿Diría en su caso «malos tiempos para la risa»?

-Son malos tiempos para la libertad de expresión, desde luego. Pero reírse, hay que reírse siempre. La risa es básica. No podemos caer en la depresión, en la amargura ni en la violencia. Hay que combatir desde un ámbito de placer y diversión. La risa siempre.

-¿Qué piensa cuando le dicen que los actores no deben meterse en política?

-Me parece una tontería, sin más. Todo ciudadano por formar parte de una sociedad ya es un sujeto político. Su deber cívico es intervenir en la organización de la convivencia. Todo aquel que no haga uso de ello está faltando a un deber ciudadano. Sea actor o fontanero.

-Dijo una vez que se arrepentía del 70 % de sus películas. ¿Tanto?

-Más que de las películas, me arrepiento de mis trabajos. No de los papeles sobre el guion, sino lo que hice con ellos. Si de las 20 que he hecho pudiera borrar mi intervención, dejaría solo cuatro o cinco. El resto me parecen malos. Pero por mi trabajo.

-¿Es duro verse a uno mismo ahí, 15 o 20 años después?

-Es duro cuando no te gusta. Cuando te gusta es genial.

-¿Las ve a menudo?

-No, pero cuando he tenido la oportunidad me encanta.

-¿Cuál es la peor?

-No lo voy a decir. Sería demasiado cruel para mí y para la película.

-¿Y la mejor?

-El otro lado de la cama, La isla Interior, Bajo las estrellas e incluso Horas de luz, aunque no creo que sea un gran trabajo, pero por otros motivos. Son películas que estimo mucho.

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