El pórtico tiene más Gloria que nunca

Los primeros visitantes, tras varias horas de espera, se sorprenden por el delicado resultado de la restauración de la joya escultórica de la catedral de Santiago

Largas colas en la primera jornada de visitas al Pórtico Los visitantes han podido comprobar cómo ha quedado la restauración de esta joya

santiago / la voz

Galicia tiene desde ayer en el pórtico de la Gloria su particular síndrome de Stendhal, gracias, en parte, al puntillista trabajo de restauración del conjunto escultórico que durante siglos daba la bienvenida a todos los visitantes de la catedral de Santiago y que ahora puede disfrutarse a cuentagotas porque «o delicado da obra esixe a aplicación de medidas de conservación preventiva».

Bajo esta premisa, ayer arrancó el programa de visitas reguladas que se mantendrá hasta el 20 de septiembre, momento en el que el pórtico necesitará una protección especial mientras se desarrollan nuevos trabajos de restauración dentro de la catedral. Hasta ese día, y siempre con la incertidumbre de si los niveles de humedad obligan a suspender las visitas, el acceso a la joya escultórica del románico es en grupos de 25 personas sin inscripción previa. De esta forma entraron a los primeros visitantes a las ocho de la mañana. El refranero no defraudó y el mensaje de que «a quien madruga Dios de ayuda» se cumplió a rajatabla. 

Los más interesados en conocer el pórtico de la Gloria llegaron con mucha antelación. El primero en hacerlo fue un peregrino de Granada que hizo la etapa del Camino Francés desde O Pino y se fue directamente hasta la escalinata de acceso. A misma hora que este pionero se deleitaba con lo que veía, una joven pontevedresa, que viajó hasta Irún para cubrir el Camino primitivo, se levantaba del alberque del Monte do Gozo para llegar a la catedral acompañada de una amiga alemana. Ambas pudieron contemplar el pórtico restaurado sobre las once de la mañana. La primera ya lo conocía cuando la tradición de golpearse la cabeza en el santo dos croques era el pan de cada día. Para ella, la prohibición de esta práctica pasó a un segundo plano al ver la nueva cara de las esculturas. Y su compañera dio por muy bien empleado el madrugón. Pero no todo fueron alegrías, ya que el servicio de seguridad impidió alguna cabezada al santo y la larga espera, unida al parón de las visitas durante las misas provocó no pocos abandonos.

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