Anne Carson, el enigma de la peregrina

«Tipos de agua. El Camino de Santiago» relata, a caballo entre el diario, el ensayo y la crónica íntima, el viaje a Compostela de la autora canadiense en la década de los 90


redacción / la voz

Cada peregrino carga con su fardel y su historia, con sus motivos y sus pensamientos. Por tanto, hay tantas razones para echarse a andar hacia el oeste, hacia Compostela, como personas emprenden el camino, misterios andantes. «Los peregrinos eran personas que amaban un buen enigma», escribe la canadiense Anne Carson (Toronto, 1950) en Tipos de agua. El Camino de Santiago (Vaso Roto), que originalmente formaba parte de su libro de 1995 Plainwater y que ahora se publica en castellano, en traducción de Sara Cantú Pérez de Salazar. Y Carson, peregrina y misteriosa, disfruta envolviendo su caminar en un buen enigma.

A caballo entre el diario, el ensayo y la crónica íntima, las páginas recogen su expedición desde San Juan Pie de Puerto el 21 de junio hasta su llegada a Compostela el 25 de julio. Acompaña a Carson un hombre, del que apenas ofrece datos, y a quien bautiza como «Mi Cid». El apodo es un rasgo de humor pero también ejemplo del diálogo que la escritora, especialista en literatura comparada e historia, entabla a lo largo de la ruta jacobea con autores de otras culturas y tiempos -Machado, Tanizaki, Basho- a propósito del paisaje.

El horizonte a Compostela es, precisamente, uno de los argumentos predominantes en la mirada de Carson. Las montañas de Roncesvalles, el pasaje fluvial de Puente la Reina, la meseta de Nájera, el trigal interminable de Castrojeriz o la luz martilleante de Sahagún no pasan inadvertidos a la escritora. Como tampoco las distintas encarnaciones del peregrino, que suelen cerrar el capítulo de cada etapa a modo de aforismo: «¿Cuándo es un peregrino como un tamiz? Cuando adivina». «Los peregrinos eran personas que resolvían las cosas mientras caminaban». «Los peregrinos eran personas en el exilio científico». «Los peregrinos eran personas cuyas recetas eran simples». «Los peregrinos eran personas que trataban de no molestar a los locales». «Los peregrinos eran personas que llevaban cuchillos, pero rara vez les encontraban uso». Y, otra vez, el enigma: «Un peregrino es como un drama lírico de No. Cada uno tiene la misma estructura, un signo de interrogación».

Montañas gallegas

El 17 de julio llega a Trabadelo, escalando montañas con la vista puesta en la cumbre. Se suceden O Cebreiro -donde Carson escribe que un lobo blanco los vigila durante la noche-, Samos -donde escucha la voz de una mujer que canta una balada de la Guerra Civil- y Palas de Rei, donde recrea la leyenda de la Reina Lupa. No son alusiones casuales. A medida que la peregrina recorre Galicia, su prosa parece volverse más poética, género al que recurre para visualizar lo que el ojo no percibe. Así describe la misa del peregrino del 25 de julio: «Los peregrinos se paran entre escombros de oro que les llegan hasta las rodillas, bajo los fragmentos bamboleantes de la gran linterna, de la cual sigue cayendo el fuego en copos alumbrados. El hollín y la lluvia caen sobre sus hombros sin que ellos lo noten. Se rumorea que el presbiterio es un lago fundido y pequeños animales se están ahogando en los pasillos laterales». Su peregrinar aún tiene una coda: Fisterra.

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