La Bienal de Arquitectura distingue la sostenibilidad de dos proyectos gallegos

Premiadas una estrategia de desarrollo para Ponteareas y una rehabilitación en Bueu


redacción / la voz

«Más habitar, más humanizar» es el lema de la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo que falló ayer sus premios en Santander. Dos galardones han recaído en proyectos gallegos por su especial sintonía con las ideas que centran la bienal, que este año pretende poner el acento «en el concepto de habitar como fundamento de la arquitectura y de la humanización de la ciudad». Se trata de la estrategia de desarrollo urbano Hábitat saludable, un trabajo de los arquitectos Patricia Muñiz y Luciano G. Alfaya del estudio MMasa para Ponteareas, y la rehabilitación de La Roiba, una pequeña casa que construyó a finales de la década de los sesenta el arquitecto Ramón Vázquez Molezún en la playa de Beluso, en Bueu, una iniciativa de un equipo formado por María Vázquez Molezún, Jesús Gallo y Pablo Olalquiaga.

Ambas distinciones se suman a otra docena que el jurado de la bienal ha destacado por encarnar los valores que desea fomentar: poner la creatividad arquitectónica al servicio del usuario, regresando a una escala humana, tanto en los espacios compartidos como en los reservados a la intimidad. Desde la bienal se invoca el actual clima de austeridad económica como marco de reflexión acerca de los excesos de la llamada burbuja del ladrillo y abordar la construcción como una oportunidad para mejorar la calidad de vida de los habitantes. Este es el objetivo de la estrategia diseñada para Ponteareas, que persigue un urbanismo más racional y contenido después del crecimiento incontrolado de las últimas décadas.

Dentro de las recomendaciones de la bienal se halla también una concepción de la arquitectura no solo en el espacio sino también el tiempo, en la relación que la ata a su pasado pero también a su proyección de futuro. La rehabilitación, como la del refugio marino de Vázquez Molezún, es una de las vías preferentes de actuación para hacer contemporánea la memoria.

Recuperación de una «casa- manifiesto» de Vázquez Molezún

A finales de la década de los sesenta Ramón Vázquez Molezún (A Coruña, 1922-Madrid, 1933) construyó un refugio sobre los muros de lo que había sido una salazón en la playa de Beluso, en Bueu. La casa vuela literalmente sobre el mar: el bajo, donde se guardaban botes, se inundaba con la marea alta; el piso superior se organiza en torno a un único espacio con tres dormitorios que se abrían y cerraban al estilo de camarotes. La Roiba se convirtió en un ejemplo de sensibilidad e integración a la hora de construir en un entorno tan delicado como el costero, a la vez que sirvió a Molezún para probar ideas de sostenibilidad entonces pioneras y que se han convertido en estándar en la arquitectura actual, como la recogida del agua de lluvia. Era, como se ha definido, tanto una casa como un manifiesto. 

La Bienal de Arquitectura ha subrayado con su premio esa concepción original de la sostenibilidad, a la vez que distingue el proyecto y campaña de rehabilitación promovido por María Vázquez Molezún, Jesús Gallo y Pablo Olalquiaga, y que recurrió al micromecenazgo para financiar una intervención imprescindible para salvar la casa del deterioro de los años y los temporales. María Vázquez Molezún recibía ayer la noticia con una alegría no exenta de amargura por la reciente inclusión de La Roiba en el dominio público costero. «No sé qué va a pasar ahora», admitía. De momento, La Roiba sigue recibiendo a estudiantes y estudiosos de arquitectura de toda Europa, parte del trabajo de Molezún por difundir el legado de su padre, que también es promoción y respeto de la arquitectura contemporánea para evitar nuevos casos como la demolición de la casa Guzmán de Alejandro de la Sota en Madrid. El premio supone una justicia poética, reconoce la también arquitecta, «pero emocionalmente me deja hecha polvo».

En busca de un urbanismo más humano, inclusivo e inteligente

El crecimiento incontrolado que caracterizó durante décadas el urbanismo de Ponteareas desembocó en la suspensión en el 2002 de su planeamiento. Hasta ahora, ha sido imposible aprobar uno nuevo. En este contexto el estudio coruñés MMasa diseñó una estrategia de desarrollo urbano bautizada como Hábitat saludable, con la que los arquitectos Patricia Muñiz y Luciano G. Alfaya han seguido el camino opuesto. Su modelo busca «unha cidade máis sostible, inclusiva e intelixente», según Alfaya. Se trata de regresar a una escala humana, volver a poner al ciudadano en el centro de las decisiones, tanto en el documento resultante como en su proceso: se contó con las opiniones de los vecinos a través de más de quinientas encuestas y mesas sectoriales, un respaldo al que también contribuyó la aprobación por el pleno de la estrategia. 

Como se explicita desde el título, uno de los objetivos es contribuir a mejorar el bienestar y la salud de los vecinos. «Hai unha aposta clara pola calidade de vida», confirma Alfaya. Pese a indicadores como una renta per cápita un 20 % menor que la media, en las encuestas encontraron datos que apuntaban a una cierta comodidad, escenarios que se podían potenciar: por ejemplo, mejorar la conexión peatonal con la zona del río o facilitar la movilidad peatonal. Son lo que el arquitecto denomina «microaccións», muchas veces más efectivas a la hora de intervenir en la vida ciudadana «e ir transformando o contexto da cidade».

Alfaya y Muñiz también eran conscientes de que ya se había construido demasiado y que había que apostar por la rehabilitación, la eficiencia energética y el uso de nuevas tecnologías para facilitar la vida ciudadana. Y también valorar el patrimonio inmaterial, con atención al entorno que alimentó a creadores como el músico Rogelio Groba o el escritor Alfonso Pexegueiro.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

La Bienal de Arquitectura distingue la sostenibilidad de dos proyectos gallegos