Bergman, el cineasta que tenía miedo

El realizador, dramaturgo y escritor sueco regresa a la actualidad en el centenario de su nacimiento para reivindicarse como figura capital en la cultura del siglo XX


Quizá intuyera la inminente visita de esa Muerte que convirtió en icono de El séptimo sello (1957), para proponerle una partida de ajedrez, como el caballero Antonius Block. Por eso Ingmar Bergman había dispuesto, casi a modo de guion, cómo habría de procederse con sus exequias y su patrimonio. Finalmente llegó el 30 de julio del 2007, el mismo mes de su nacimiento 89 años atrás. Dejaba una brillante trayectoria que lo afianza como un grande de la cultura de la segunda mitad del siglo XX, en cine, teatro y literatura. Desde su estreno como realizador en 1946, con el drama Crisis, legó para la historia del séptimo arte un puñado de obras maestras, y hasta obtuvo el Óscar por El manantial de la doncella (1960), Como en un espejo (1962) y la cinta autobiográfica Fanny y Alexander (1982) -también recibió en 1971 el premio honorífico Irving Thalberg-. Y fue nominado al mejor guion en ocho ocasiones, junto a otros galardones de prestigio y su presencia continuada en Cannes, Venecia y Berlín, entre otros festivales que le significaron como referencial en su mirada atormentada sobre el ser humano y las relaciones de pareja.

Títulos como Gritos y susurros y Secretos de un matrimonio, en los primeros años setenta del pasado siglo, nutrieron con no poca polémica las salas de arte y ensayo, además de cine clubs, que entonces intentaban desafiar las presiones de la censura. Junto a la imagen, como dramaturgo, guionista y escritor, tuvo en la palabra su principal recurso. Dirigió en el Dramaten de Estocolmo más de una treintena de obras teatrales que le sirvieron para acercarse al mundo del actor y lograr sus singulares personajes introspectivos, conforme a su propio carácter, como hijo de un estricto pastor luterano obsesionado por la religión, con sus complejas periferias espirituales, la culpa y el pecado entre ellas. Entregado a su trabajo, tenía a los críticos entre sus obsesiones enfermizas, que lo llevaban a la depresión cuando percibía su rechazo. Dejó en su diario una dura anotación el 19 de junio de 1964: «Mi pieza comienza con el actor que baja al patio de butacas y estrangula a un crítico, y lee en voz alta, de un pequeño cuaderno negro, todas las humillaciones sufridas que ha anotado. Luego vomita sobre el público. Después de lo cual, se va y se pega un tiro en la frente».

«La linterna mágica»

En cuanto a su obra literaria, tuvo un marcado carácter autobiográfico. En ese aspecto destaca en especial La linterna mágica (1988), a la que siguió más tarde Imágenes (1990). Las mejores intenciones (1992) y Niños del domingo (1994), ya en clave de ficción novelada, recogen igualmente muchas de sus experiencias vitales. En la citada autobiografía -en Tusquets, en el mercado español-, en su segundo párrafo, después de confesar que al nacer todos le daban por muerto -incluso fue bautizado de urgencia en el propio hospital- y que recordaba muy bien aquellos primeros días, asegura que no había pasado miedo alguno. «El miedo llegó más tarde», admite. Ese miedo lo acompañó toda su vida, provocándole una inseguridad creativa que afectaba a su autoestima, con momentos de euforia. También le afectó en su periplo sentimental -lo afronta en el filme Pasión (1969), una de sus obras más intensas-, con cinco matrimonios, nueve hijos y relaciones con las actrices Harriet Andersson, Bibi Andersson y Liv Ullmann. Serios problemas con el fisco de su país, entrampado por su gestor económico, le llevaron a residir en Alemania entre los años 1977 y 1980. Con la oscarizada Fanny y Alexander, Bergman se despidió del celuloide para centrarse en el teatro y la televisión. Después de su muerte, su residencia en la isla de Faro fue comprada en subasta pública, según su deseo, y más tarde reconvertida en museo.

Libros, filmes restaurados y documentales

La de Bergman no es una celebración al uso. Las filmotecas de medio mundo lo festejarán en sus programaciones. Como Filmoteca Española, que hasta el 31 julio proyecta el ciclo Centenario. Todo Bergman, al igual que Filmoteca de Catalunya, que, de junio a agosto, ofrece una amplia retrospectiva, a las que se suman, desde la iniciativa privada, los madrileños cines Verdi para proyectar un total de 21 filmes restaurados en 2K, y que también exhibe la compostelana sala Numax, hasta diciembre -con pases todos los martes-, junto a la distribuidora A Contracorriente y la Ingmar Bergman Foundation. Esta institución, creada por el autor en el 2002 para albergar sus archivos, desarrolla un amplio programa de actos este año, mientras coordina numerosas actividades por todo el mundo, además de editar varios de los guiones que el propio autor noveló para el mercado local.

También comercializa un box set con 36 de sus filmes (en deuvedé). Igualmente, presentada en la sección Cannes Classics, se promovió junto al Swedish Film Institute, la restauración en 4K de El séptimo sello (1957), acompañada de dos largos documentales de reciente producción: Searching for Ingmar Bergman, de la veterana directora alemana Margarethe von Trotta -en torno al vacío artístico dejado por el autor-, y Bergman. A Year in a Life, de la sueca Jane Magnusson, centrado en un año clave (1957) en que estrenó dos de sus filmes más populares, Fresas salvajes y El séptimo sello. Al tiempo, publicaciones se incorporan a la ya amplia bibliografía en castellano en torno al autor. Letras Nórdicas publica en colaboración con la fundación Cuaderno de trabajo 1955-1974, así como reedita el guion de Persona, y a ellos se añade el volumen colectivo El universo de Ingmar Bergman (Notorius). Taschen anuncia para este mes el libro The Ingmar Bergman archives.

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