Un Gillian de pura cepa

«El hombre que mató a don Quijote» es una suerte de apoteosis surrealista y al tiempo una reafirmación de sí mismo, realmente un quijote cinematográfico, como antes lo fue Orson Welles


Dejas la butaca algo aturdido, pero otra cosa no esperabas tratándose de Terry Gilliam, ex Monty Python, abonado al fantástico para exhibir su peculiar mirada del género, en una extraña -muchas veces lúcida-mezcla de extravagancia y barroquismo visual, que acabó siendo señal identitaria de su cine. Del autor de El sentido de la vida (1983), Las aventuras del baron Munchaüsen (1988) y de El imaginario del Doctor Parnasus (2009), por citar algunas, se podría esperar una pasada de frenada como El hombre que mató a don Quijote, una suerte de apoteosis surrealista y al tiempo una reafirmación de sí mismo, realmente un quijote cinematográfico, como antes lo fue Orson Welles, por ejemplo, y por aquello de su fascinación por el personaje cervantino y por añadidura, la cultura española con Buñuel al fondo. A Gilliam le coge el cine en la cabeza cual demiurgo capaz de reubicar al personaje de la triste figura en un contexto tan singular como un pueblo manchego al que regresa un cineasta en busca de sus recuerdos de juventud.

Creadores como Gilliam y filmes como el suyo son necesarios para equilibrar el ecosistema audiovisual si no queremos acabar sepultados por el mainstream palomitero. La doble peripecia del trastornado zapatero Jonathan Pryce y del engreído realizador publicitario Adam Driver son a un tiempo sendas dobleces del propio autor, que en el 2000 ya intentara acercarse a don Quijote para acabar en un rodaje catastrófico, recogido con detalle en el documental Perdidos en La Mancha (2002). Le intuimos en ese carrusel de situaciones que tiene en su última media hora un frenesí de imágenes dignas de un Fellini fuera de madre, que incluye a Jordi Mollá igualmente descarrilado, para acabar derivando en una arrebatada una historia de amor. Conste que intento dar sentido a todo lo visto porque, en apariencia, a medida que la trama avanza, Gilliam se viene arriba sin importarle que haya noqueado al espectador. ¿Que es un crac y puede permitírselo? Pues sí, no quepa duda. Lo extraño es que todavía encuentra productores que le avalen. Por fortuna.

«THE MAN WHO KILLED DON QUIXOTE»

  • R. U., EE UU., España. 2018.
  • Director: Terry Gilliam.
  • Intérpretes: Jonathan Pryce, Adam Driver, Stellan Skarsgard, Olga Kurylenko, Jordi Mollá.
  • Aventuras.
  • 133 min.

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