Alfonso Armada: «Este libro es un alegato contra la velocidad, los viajes enloquecidos»

«Por carreteras secundarias» recorre lugares apartados, desde O Courel hasta el Comala de Murcia


A Coruña / la Voz

Ni el GPS ni la guía Repsol sabían indicar dónde estaba la ermita de San Genadio, «perdida en El Bierzo. Pero hablando con unos paisanos descubrimos que aquella ruta de montaña llevaba a Peñalba de Santiago, que es donde está, en el Valle del Silencio, que es un sitio al que hay que ir». Esto evoca el periodista y escritor Alfonso Armada (Vigo, 1958), que durante dos veranos se extravió por lugares apartados de España, desde O Courel hasta Comala, que no es el pueblo de México por el que Rulfo hizo transitar a Pedro Páramo, sino «que está en Murcia y parecía que sus habitantes acababan de marcharse y dejarlo vacío». El resultado del recorrido, en el que su esposa, Corina Arranz, hizo las fotos y condujo el coche -porque «yo no conduzco»-, es Por carreteras secundarias (Malpaso), un libro que el viernes Armada, presidente de Reporteros sin Fronteras en España, presenta en Vigo y el próximo lunes, día 11, lo hace en la librería Berbiriana de A Coruña.

-¿Es un libro de viajes?

-Es un libro de viajes distinto: no recomienda restaurantes, ni recorridos. Invita a apartarse de las rutas principales, de las autopistas y autovías. Intento ver otra España que está fuera del radar. Como periodista y como lector de periódicos, me cansa mucho ver cómo contamos el mundo. Pesa demasiado la estridencia, el espectáculo, la vida política... Al margen de las rutas principales hay vidas para descubrir, pueblos olvidados donde hay gentes dispuestas a charlar, a pararse, a contar. Es un alegato contra la velocidad, los viajes enloquecidos. Lo que busca es dejarse sorprender por el camino, por las carreteras, no querer ir de un sitio a otro sin más: la esencia es lo que encuentras, lo que descubres.

-En el texto hay poesía, reportaje periodístico, entrevistas... ¿Qué es toda esa mezcla?

-Es crónica. Juan Villoro dice que la crónica es el ornitorrinco de la prosa, una definición divertida. La única condición de la crónica es que no puedes inventar, pero cabe el relato, la autobiografía, la entrevista. Lo que busco es que el lector me acompañe y no se aburra, decirle: «Voy a contarte una historia...».

-¿Cuáles fueron los lugares de España que más recorrió?

-Hay bastantes sitios de Extremadura, de Castilla... De Galicia estuvimos cerca de Betanzos, buscando una granja de vacas. En O Courel, porque me interesaban los paisajes de Novoneyra y estuvimos hablando con su hija Blanca, lo mismo que la huella de Celso Emilio en Celanova; tenía curiosidad por saber si sigue vigente su memoria, de su literatura. En este libro la literatura tiene mucho peso. Como el recorrido fue en dos años, en el segundo salimos de Tui y estuvimos en Santo Estevo.

-La presentación del libro en el taller de Francisco Leiro en Madrid parece que fue llamativa...

-Estar en el estudio de un escultor siempre sorprende, porque la gente no suele ir ahí. Además, con esas esculturas grandes de Leiro aquello parecía un bosque animado. Lo presentó Eduardo Martínez de Pisón, geógrafo, y su hermano, Ignacio, es el que hace el prólogo porque este libro es un homenaje al suyo, a su novela Carreteras secundarias. Cuando leí ese libro, en el que un padre viaja con su hijo en un Citroën Tiburón, vi que estaba relacionado con que cuando era niño mi padre tenía ese coche e íbamos mucho a Portugal porque entonces era como ir al extranjero. Estaban los guardias en la frontera y te preguntaban por qué te ibas. Cruzar una frontera siempre es sospechoso.

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