El escultor Ferreiro Badía lleva su María Wonenburger a Canadá

La obra del artista gallego, incluida en la Exposición Internacional de la Medalla


Redacción / La Voz

La pieza que el escultor Manuel Ferreiro Badía (A Coruña, 1944) dedicó a la insigne matemática gallega María Wonenburger Planells (Oleiros, 1927-A Coruña, 2014) ya está en Canadá. Ayer se inauguró en Ottawa la 35.ª Exposición Internacional de la Medalla, que muestra la obra de Badía entre las 700 que componen el certamen, que nutren creadores de 40 países.

Entre la selección de artistas españoles que participa en este encuentro, el delegado de la Federación Internacional de Medallas de Arte en España, Javier Gimeno, incluyó a Ferreiro Badía por el prestigio de su trayectoria en el ámbito de la medalla, que avala el premio Tomás Francisco Prieto que concede la Real Casa de la Moneda y que está entre los galardones más reconocidos de Europa (con ganadores como Chillida, Tàpies, Antonio López, Eduardo Arroyo, Antonio Saura, Carmen Laffón, Chirino, Eva Lootz y Jaume Plensa).

La exposición (en el Museo Nacional de Ciencias Naturales) coincide con la celebración en Canadá del centenario de la reforma parlamentaria que habilitó el voto femenino, motivo que llevó a la organización a dedicar la muestra a Las mujeres en la ciencia. A su vez, esta temática animó a Ferreiro Badía a homenajear a María Wonenburger, una científica que, además, desarrolló buena parte de su carrera en EE.UU. y Canadá. El escultor la conoció en sus últimos años, en los que la visitaba en su casa de Oleiros y la recuerda como «una mujer lúcida hasta el final y simpatiquísima, siempre riendo».

Con el ánimo de revalorizar su figura, Ferreiro Badía, que recurrió a varios retratos para realizar el trabajo, plasmó los rasgos del rostro de Wonenburger en la medalla y jugó con la representación de los anillos de Lie, asunto que ocupó un importante lugar en los trabajos de investigación de la matemática.

Badía -que elogia el interés que despierta la medallística en Centroeuropa- lamenta que en Galicia «no exista un mercado del arte con coleccionistas particulares», una carencia que lo obliga a salir afuera, Rusia, EE.UU., Alemania, Australia, en busca de compradores. «Antes de rematar el siglo XX, había hecho ya más de mil esculturas y aquí sigo siendo un desconocido», constata. A sus 74 años, «envejeciendo», admite que ahora se cansa más trabajando la escultura y que esto lo inclina hacia la pintura, disciplina que frecuentó de joven.

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