Deon Meyer: «Sudáfrica ha cambiado, ha perdido parte de la magia de Nelson Mandela»

La realidad corrupta y la desigualdad social que padece su país afloran de nuevo en su novela negra «Ícaro»

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Barcelona / E. La Voz

Una tormenta desentierra un cadáver en un suburbio en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. La víctima es un hombre de negocios, creador de una empresa en Internet dedicada a facilitar coartadas y borrar las huellas de sus clientes adúlteros. Deon Meyer (Sudáfrica, 1958) relata en Ícaro (editada por Salamandra) la quinta aventura del detective Benny Griessel. Meyer, uno de los autores más aclamados de la novela negra actual, logra retratar una vez más un país marcado por fuertes conflictos políticos y sociales.

-En «Ícaro» hace usted un retrato de la sociedad sudafricana, ¿sigue presente el legado de Mandela?

-En mí hay mucho de su legado. Yo soy un gran admirador de Mandela y creo que las esperanzas que tengo para Sudáfrica son muy mandelescas. Y cuando escribo no puedo huir de ello. Pero el país es muy distinto, ha cambiado, hemos perdido parte de la magia de Nelson Mandela. Ahora teníamos un presidente muy corrupto [Jacob Zuma renunció en febrero] que había ignorado completamente su legado. Yo suelo trabajar con la tensión generada entre mis deseos y la realidad.

-¿Todavía son visibles en su país las huellas del «apartheid»?

-En términos de separación por raza, ya no estamos segregados. Ahora estamos separados por la economía. El Gobierno es responsable de no crear empleos y de no ser capaz de que la economía salga adelante. Sigue habiendo una gran desigualdad pero entre ricos y pobres. Como en la mayoría de los países, creo.

-¿Representa Griessel, alcohólico, la figura del antihéroe?

-Sí, en buena medida. Aunque cuando escribo, nunca me planteo estas cosas, dejo un poco que sea el lector quien decida.

-«Ícaro» integra diferentes líneas narrativas: por un lado el negocio on-line de las infidelidades y, por otro, las familias bodegueras. ¿En qué momento se le ocurrió cruzar estas líneas?

-Muy al principio, aunque no sabía cómo. Para mí escribir es una exploración, tiene que ver con ir descubriendo. Pero supe desde muy al inicio que quería tener estos dos hilos narrativos.

-Incluye un glosario del argot de los africanos de Ciudad del Cabo. ¿Es obsesión por la precisión?

-Desearía poder decir que por supuesto, pero en este caso se trató más de que, para las traducciones del libro, se mantuviera cierta textura, cierto sabor, de la realidad sudafricana. Por eso mantuve los términos originales.

-En «Ícaro» hay escándalos, lujuria, ambiciones, infidelidades… No parece solo un retrato de Sudáfrica, sino del mundo actual.

-Sí, la manera en que las redes sociales e Internet están influyendo en las relaciones entre las personas es algo universal, estoy totalmente de acuerdo.

-Antes de ser escritor, usted fue periodista. ¿La novela negra tiene algo que ver con el periodismo de investigación?

-Sin duda, creo que hay conexiones. El proceso de obtención de información es parecido en el caso de un novelista y de un policía o detective. Establecer la diferencia entre la verdad y la mentira es lo mismo en ambos casos. Para investigar un tema usas básicamente la misma técnica.

-¿En qué momento decidió abandonar el periodismo?

-Nunca lo decidí, simplemente ocurrió. Empecé a escribir por placer, pero los libros comenzaron a tener éxito en sus traducciones. Crecieron tanto las invitaciones para viajar y participar en festivales, que no pude compatibilizarlo con ninguna otra actividad. Fue un proceso largo. Y de hecho aún no he decidido si quiero ser una cosa u otra. Es broma.

-¿Lo echa de menos?

-No. Era reportero de crimen, hablaba de las víctimas, con sus familiares, iba a los lugares donde había ocurrido todo... Eso me trastornó y no lo echo de menos. Fue una experiencia muy interesante para mí como autor de novelas negras, pero estar expuesto a ese tipo de cosas tiene un coste.

-¿Qué ofrece la novela negra frente a otros tipos de ficción?

-Principalmente, la novela negra está enfocada a entretener al lector. Pero creo que también satisface una necesidad profunda de los lectores por la justicia y el orden. Cada vez que se comete un crimen, se trastorna el orden y el detective debe hacer que el mundo vuelva del caos.

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