La gastronomía del «Quijote» era universal, no solo de La Mancha

«Cosas de la bucólica», la sociedad de la época a través de la comida


madrid / e. la voz

Lejos de lo que cree el imaginario colectivo, la comida que aparece en Don Quijote de la Mancha no es únicamente manchega. Garbanzos de Martos (de Jaén), vinos de Andalucía o quesos aragoneses del Tronchón -entre muchos otros- son algunos de los platos que recoge el libro Cosas de la bucólica. La gastronomía en el Quijote, de Tomás Álvarez, en el que se demuestra que la cocina del gran clásico de Cervantes es universal. «No me gusta que se mancheguice la cocina del Quijote», incidió ayer Álvarez durante la presentación de la obra celebrada en Madrid, en la que subrayó que «es negativo verlo desde una perspectiva regional». Según el autor, Cervantes «conocía todo el territorio español y muchos otros países» y, consecuentemente, tenía «una visión muy rica y universal». Precisamente, en el libro se afirma: «Productos, platos y refranes son esencialmente hispanos, comunes a la mayor parte del territorio peninsular, y además se enriquecen con los ecos de las experiencias culinarias del autor en el norte de África y en Italia».

Más allá de la gastronomía en sí, este libro también sirve para entender cómo vivía la gente de entonces. «Es interesante, a través de la gastronomía, conocer la sociedad de la época», insistió el autor, que invitó a leer de nuevo el Quijote para «encontrar elementos como la lucha de los protagonistas por la búsqueda de la utopía, del amor y de la libertad». En el Quijote se habla de hambres y hartazgos, abstinencias y banquetes, y de refranes relacionados con la comida, que -según el autor- «tiene un interés crucial para comprender cómo se vivía en España en aquellos tiempos».

Gran amante del Quijote, Álvarez, empezó su relación con la obra de Cervantes cuando tenía 6 años. «Mi maestro nos entregaba una edición preparada para escolares y la leíamos», aseguró el ensayista, que confesó que la mayoría de las partes «no las entendía». A medida que iban pasando los años, cuanto más leía, más perspectivas le hallaba. Tiempo después, Álvarez comprendió que para poder hablar del Quijote con buen conocimiento de causa tenía que estudiarlo. Para poder dar una visión «objetiva», comenzó a ir a la Biblioteca Nacional a documentarse sobre la gastronomía en la obra de Cervantes. El resultado es este libro, que muestra el binomio reflejado por el ascetismo y la gula en los personajes, así como los alimentos en diferentes escenarios, como los yantares de la casa del hidalgo, los alimentos de pastores y bandoleros, la cocina de las ventas o la de los palacios, entre otros. También hace una selección de refranes referidos al arte culinario que se han conservado a lo largo de los siglos.

La publicación está acompañada de varios grabados de estilo neoimpresionista del pintor leonés Sendo, basados en el Quijote, e incluye además un estudio sobre la gastronomía de la obra en Fernández de Avellaneda. «El Quijote tiene encanto especial que hace que nunca dejaremos de hablar de él», consideró el escritor y académico José María Merino durante el encuentro, quien añadió que la obra siempre trata de algo nuevo para cada generación. Uno de los hechos que resaltó Merino es que Álvarez hubiese escogido el término bucólica para el título de un libro que versa sobre gastronomía. En este sentido, el propio autor explicó que había elegido esta palabra por su amor por la lengua. «He querido poner este término para hacer un homenaje a la riqueza del idioma», resaltó. También para ambos es clave la importancia de la obra de Fernández de Avellaneda, que, a menudo, creen, se menosprecia.

«Cuando recuperas el Quijote haces excursiones por lugares que no se te hubieran ocurrido», celebró para concluir Merino.

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