Andy Warhol: de la sopa a la fama

CaixaForum Madrid muestra el arte mecánico del padre del «pop art» estadounidense


madrid / e. la voz

Si hay alguna exposición en Madrid que sea instagrameada por sus visitantes es Andy Warhol. El arte mecánico, expuesta en el CaixaForum hasta el próximo 6 de mayo. Treinta años después de su muerte, Warhol (1928-1987) es el artista referente del pop art y sus cuadros siguen siendo un referente de modernidad en el siglo XXI. Como no podía ser de otra manera, la muestra incluye los iconos más emblemáticos del artista: los retratos de Marilyn Monroe, la lata de sopa Campbell’s, Jackie Kennedy, Elvis Presley o Liz Taylor, entre otros. A principios de los años sesenta, la mayoría de las personas que Warhol pintaba eran figuras conocidas, mayoritariamente estrellas de Hollywood, convirtiéndolas en grandes iconos del arte contemporáneo a través de sus cuadros.

Precisamente, son las obras que despiertan más interés de toda la exposición, que cuenta con un total de 348 obras. El retrato de Marilyn -quizás el más popular de todos- es sin duda el más fotografiado por los visitantes. «La que da la fama a las serigrafías de Marilyn es ella misma», reivindica el profesor de historia del arte de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Joan Campàs, que considera que Warhol es perfectamente consciente de que los personajes que escoge «tienen una gran trascendencia». En este sentido, recuerda que Warhol siempre persiguió su propia fama. A pesar de que Marilyn es la más reconocida entre las obras, el artista utilizó la imagen de Liz Taylor más que la de cualquier otra estrella. El caso es que la muerte y el desastre tomaron un protagonismo destacado en su obra. «El artista coge personajes importantes pero los retrata en momentos trágicos de su vida», explica Campàs, que recuerda que a Monroe la pinta después de su muerte y que a Jackie Kennedy la retrata después de la muerte del presidente. Según el experto, todas estas imágenes que «parecen frívolas» tienen un cierto «contenido trágico».

Precisamente, en la exposición se puede ver cómo en una entrevista concedida en 1963, Warhol habla de la enfermedad de Liz Taylor. «Empecé las obras hace mucho tiempo, cuando ella estaba tan enferma que todo el mundo pensaba que se iba a morir», apuntó. De la misma manera que a sus otros personajes fetiche, Warhol eligió Liz como musa -además de por su fama- porque estaba tocada, de algún modo, por el fantasma de la muerte.

En otro orden de cosas, otro de los personajes insignia de Warhol que aparece en la exposición es el líder comunista chino Mao Zedong, convirtiéndolo en un icono capitalista y del arte occidental. Warhol inició su primera serie de cuadros de Mao en marzo de 1972, poco después de que un presidente de Estados Unidos -Richard Nixon- visitara China por primera vez. Warhol tomó como referente la imagen de Mao que aparece en el Libro Rojo, que era precisamente el cartel que colgaba de todos los edificios de Pekín, durante la visita de Nixon. Con voluntad de provocar -ya había convertido al máximo propagador del comunismo en un producto de consumo- Warhol retrató a Mao de una manera que aparentase estar maquillado. El líder comunista aparece con los párpados con sombra, los labios rojos y con las mejillas coloreadas. «Mao y Marilyn le sirven para lo mismo: para alcanzar la fama y para vender», opina Campàs, que no encuentra ideología en sus obras, sino puro márketing.

Lo elevado y lo popular

Lejos de los personajes famosos, otro de sus cuadros emblema es el de la lata de sopa Campbell’s. «La sopa es un producto popular y él lo eleva a arte», apunta el historiador, que añade que persigue «mostrar cómo se respira en un mundo capitalista de consumo». Precisamente, la sopa Campbell’s es la clara muestra de cómo Warhol rompió la frontera entre el arte elevado y el arte popular. Lejos de los retratos, en la exposición también se puede observar su cine experimental, como sus Screen Tests o la legendaria instalación multimedia concebida con la banda de música The Velvet Underground.

Con todo ello, el visitante de la exposición puede hacerse una idea completa de quién era y de qué representa la obra de Andy Warhol. «Se puede observar su culto a la fama, la influencia de los medios de comunicación, la desaparición de las jerarquías entre el arte elevado y el popular, así como la fusión de arte y negocio», concluye Campàs.

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