Lula da Silva y Dilma Rousseff lideran la crítica contra una serie de Netflix

Consideran que «O mecanismo» es propaganda en su contra en plena precampaña


río de janeiro / corresponsal

Desde hace dos semanas, lo primero que ve el pasajero que desembarca en el aeropuerto Juscelino Kubitchek, de Brasilia, es una extraña tienda situada en el medio del pasillo. Rotulada como Loja da Corrupção, en ella apenas se ofrecen piezas de ropa interior llenas de billetes y coloridas fundas para la tobillera de localización policial. El falso negocio es parte de la omnipresente campaña de promoción de O mecanismo, la serie estrella de Netflix para Brasil, a la que es difícil escapar por los anuncios en redes sociales, los gigantescos carteles en centros comerciales, y, sobre todo, por la incendiaria polémica política desde que la izquierda brasileña la señaló como un instrumento de propaganda contra sus intereses.

O mecanismo es el segundo producto de enjundia presentado por el audiovisual brasileño para honrar la operación Lava Jato en el último año. El pasado mes de septiembre, se estrenó Polícia Federal: A lei é para todos, con discreto éxito de crítica y público. Netflix puso toda la carne en el asador con su serie, encargada al director José Padilha, conocido internacionalmente por la inmersión social y policíaca en las favelas de Río de Janeiro en Tropa de élite, y también máximo responsable del fenómeno mundial Narcos.

La plataforma de streaming apostó por el pulso visual cercano al documental de Padilha y por su facilidad para, basándose en hechos reales, crear ficción política sobre su país (u otros, en el caso de Pablo Escobar). El caso es que su interpretación de algunos de esos hechos ha herido la sensibilidad de la izquierda, y sobre todo de sus líderes, los expresidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff.

 n la serie de Netflix, protagonizada por Selton Mello (uno de los rostros más conocidos del país), un policía investiga una trama de lavado de dinero en una empresa llamada Petrobrasil (ficción de Petrobras) y que llega a las más altas instancias. En el quinto capítulo, el expresidente Higinio (remedo de Lula), pronuncia la frase «estancar a sangria» (detener la sangría), grabada a fuego en la memoria colectiva del país. Solo que en la realidad la pronunció Romero Jucá, del conservador PMDB, cuando pidió «un acuerdo nacional, con el Supremo, con todos» para frenar la operación anticorrupción una vez caído el gobierno Dilma y procesado Lula.

Esa tergiversación o licencia creativa (según el bando que se escuche) ha desatado la ira de la izquierda, que llama a boicotear a Netflix cancelando la suscripción o, al menos, a valorar negativamente la serie para que no aparezca recomendada a los usuarios.

Padilha, que ya no da entrevistas a no ser por escrito, se defiende echando balones fuera: «No escribí ni dirigí ese capítulo. Pero la expresión ‘estancar a sangria’ es común en el idioma. En los créditos avisamos de que los hechos fueron alterados para efectos dramáticos». Al poco tiempo del estreno, la expresidenta Dilma Rousseff publicó un comunicado denunciando lo que considera manipulación y varios ejemplos más en los que Padilha, según ella, «retuerce los hechos reales para moldear la realidad a su manera» y hacer de la serie «fake news».

Desde Curitiba, la ciudad donde vive el juez en cuya labor como instructor se basa el libro Lava Jato: O juiz Sérgio Moro e os bastidores da operação que abalou o Brasil, que sirve de soporte a O mecanismo, Lula da Silva anunció que denunciará a Netflix por lo que considera «una mentira más» en su viacrucis hacia las elecciones. Nada escapa en Brasil a la profunda división ideológica que vive el país desde el impeachment de Rousseff.

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