Miquel González arroja luz a la memoria perdida del franquismo

El fotógrafo ha percorrido el estado español durante tres años, poniendo nombre y apellidos a las víctimas de la guerra y el franquismo

M.G.

Miquel González nació en Alemania en 1964, hijo de emigrantes catalanes. En sus días de estudiante de instituto la historia contemporánea española no tenía cabida en el currículum. Acudió a uno de sus profesores, un señor mayor, para satisfacer su curiosidad sobre la Guerra Civil y la dictadura franquista. Este respondió que los españoles «habían luchado muy bien en Rusia». Leyendo libros por su cuenta y tras buscar información sobre la guerra y la dictadura franquista se dio cuenta «de que el profesor se refería a la División Azul». Actualmente Miquel ha puesto en marcha una campaña para financiar su proyecto «Memoria Perdida: la memoria perdida de España 1936-1975». Un recorrido por algunas de las fosas comunes que esconde la geografía española.

Miquel conocía casos de desaparecidos y fosas comunes, como el Fossar de la Pedrera en Barcelona. No obstante, hasta antes de su llegada a Barcelona a finales de los ochenta, no era consciente «de la dimensión del asunto». La reacción de Miquel le llevó a poner en marcha Memoria Perdida, «me parecía tan increíble e injusto que decidí hacer algo». Comenzó a investigar. Leyó más libros, artículos, y se puso en contacto con varias Asociaciones de la Memoria Histórica.

Miquel desea contar las historias de aquellas personas que yacen en las fosas. «Leyendo sobre las personas asesinadas te das cuenta de que no eran un número» explica, y añade que las víctimas «tenían una familia, una vida,su pérdida afectó a toda España, y en parte hizo lo que somos ahora como país». En en el estado se han llegado a contabilizar 2.382 fosas comunes, y contabilizado hasta 114.226 desaparecidos durante la guerra y el franquismo. El fotógrafo de raíces catalanas pone nombre a las vidas que esconde el paisaje. Durante sus pesquisas optó por retratar a aquellas «fosas y los parajes de atrocidades que no estaban dignificadas o exhumadas». Sus fotografías muestran barrancos, como el de Víznar en Granada, cementerios, prados o cunetas de una carretera nacional. Las imágenes no entienden de cifras, y tampoco de bandos.

Dar luz y sacar a la luz las historias de los desaparecidos

Una de las singularidades del proyecto de Miquel es el proceso de toma de la fotografía. Miquel sabía que los «paseos» tenían lugar, habitualmente, de madrugada o después del atardecer. Así, decidió retratar paisajes en el momento del día exacto en el que habían tenido lugar los asesinatos. En ocasiones en el mismo día también. Explica que con ello buscaba «acercarme al máximo a la situación de las víctimas».

Para el fotógrafo también es importante ponerse en la piel de aquellos que se ocultan tras sus imágenes. «No es lo mismo», reflexiona, «fotografiar el paraje de una persona que se escondía en los Picos de Europa en noviembre que en agosto». En este caso en concreto reconoce que andar por el monte nevado lo hizo consciente de lo que aquella persona sufrió. Reconoce que el proceso mismo de fotografiar fue bastante intuitivo. Trata de explicar que «lo que sientes de madrugada, a oscuras en un sitio solitario y sabiendo lo que esconde la tierra hace algo contigo». Admite que esto le ayudó a tener su propia perspectiva del conflicto.

Buscar el contacto con la población

En el proyecto Memoria Perdida el fotógrafo no se limita a la búsqueda y retrato de fosas comunes. También trató de ponerse en contacto con la gente: «Que me contasen su versión de los hechos». Se encontró con barreras, reticencias y suspicacias. «Rápidamente», comenta, «me di cuenta de que el asunto estaba muy vivo, que les costaba hablar sobre ello». Señala que, sobre todo en las comunidades pequeñas, «había una especie de miedo».

El conflicto y la dictadura están lejos de ser temas sobre los que se pueda reflexionar de forma colectiva. Ha contactado con arqueólogos o investigadores que tienen también este problema. «Les pregunté si era normal esta reacción«, comenta, «y me dijeron que sí». Miquel buscó además la ayuda de autoridades locales, que le confirmaron la dificultad de hablar sobre el pasado. Añade que a muchas personas les extrañaban las elecciones fotográficas de Miquel, encuadrar la tapia de un cementerio «en lugar de visitar la Alhambra, que está al lado, les parece raro».

Los retratos de Galicia

Ourol, en Lugo, Ortoño y O Amenal, cerca de Santiago de Compostela, o el Campo da Rata de A Coruña, ahora llamado Parque de las Esculturas, son algunas de las localizaciones que visitó Miquel en Galicia. En esta última se encontró con el monumento de Isaac Díaz Pardo que homenajea a las víctimas del franquismo. Le llamó la atención que nadie a quien preguntó recordaba el nombre original del lugar.

El caso de O Amenal sirvió a Miquel para demostrar hasta dónde se podía llegar para evitar que se identificase a los asesinados en los «paseos». «Llevaban a concejales de Boimorto hasta O Amenal, par que en caso de que no ganasen la guerra fuese más complicado recuperar los cuerpos», afirma.

Las localizaciones, los nombres de las víctimas y sus historias están reflejadas en las páginas de Memoria Perdida, acompañadas de una cuidada biografía. Miquel espera que su publicación contribuya a que la gente «hable, discuta y sobre todo que haga lo que hay que hacer, sacar a las víctimas de las cunetas en donde se pueda y devolverles un poco de dignidad».

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