Muere Forges, el viñetista que mejor glosó la vida en la España democrática

Figura clave en el humor gráfico español, el dibujante preparaba personalmente las obras que convertirán en museo el viejo consistorio de A Fonsagrada, «que levo no corazón», decía


lugo / la voz

Antonio Fraguas de Pablo, Forges, había nacido en el Madrid de la posguerra de 1942. «Pero na miña xenética son fonsagradino, dos pés á cabeza», confesaba hace tres años cuando recibía en la villa lucense el Butelo de Ouro, uno de los premios que más ilusión le hizo, a pesar de que a lo largo de su vida había obtenido distinciones de todo tipo, desde el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Alcalá (2016) a las medallas del Mérito al Trabajo (2007) o Mérito de las Bellas Artes (2011).

Forges, que falleció en la madrugada de este jueves en Madrid a los 76 años víctima de un cáncer de páncreas detectado hace un año, fue hijo del también humorista y periodista Antonio Fraguas Saavedra (A Fonsagrada, 1905-Madrid, 1983), conocido en el lugar como O Nenón. El propio Forges siempre explicó que su padre le había puesto como condición para dedicarse «a dibujar chistes en serio» que fuese original, «que se reconozca un dibujo tuyo a quince metros». De ahí, explicaba el humorista gráfico, su particular estilo de bocadillos de perfiles negros gruesos en sus viñetas o el uso de palabras salidas de su imaginación y que acabaron creando un diccionario particular, lo que él definía como «forgendros». De su ingenio salieron expresiones hoy asentadas en la lengua, como bocata o tocata, así como otras elaboradas a través de sufijos.

Se hizo popular por sus viñetas incisivas y comprometidas y por el uso de palabras ingeniosas Aunque Forges comenzó la carrera de Telecomunicaciones y trabajó en los sesenta como técnico en TVE, lo que compaginaba con viñetas en la prensa, no fue hasta 1973 cuando se dedicó de lleno al humor gráfico, tanto en revistas como La Codorniz o El Jueves, como en los principales periódicos madrileños, como Diario 16, El Mundo y El País, su último destino. El humor inteligente e incisivo, con tonos absurdos, sobre la sociedad española, le dio popularidad, pero también su compromiso con la defensa de los derechos humanos y la dignidad de las personas. Además, la faceta artística de Forges alcanzó a otros ámbitos de la comunicación, participando en programas de radio (Protagonistas, La Ventana o No es un día cualquiera) y de televisión (Y sin embargo te quiero). Incluso llegó a dirigir, en 1975 y 1977, dos olvidadas películas (País S.A. y El bengador gusticiero y su pastelera madre) y publicó novelas y libros, hasta treinta, uno de ellos, Del guateque al altar, con su mujer, la periodista Pilar Garrido.

Tanto Forges como su esposa estaban preparando en los últimos meses las obras que acogerá un museo dedicado a su figura en A Fonsagrada, en concreto en la antigua casa consistorial. Su primo, José Manuel Saavedra, que fue concejal de cultura en el municipio, fue quien le animó a dar el paso, y sus amigos de A Fonsagrada, como el fotógrafo Manuel Fernández, explican que «estaba encantando e ilusionado porque, ademais de dicir que era o embaixador desta terra, el sempre se sentía como un máis da vila». Los vecinos aún recuerdan con cariño cómo durante los conflictos de 1991 por el plan de comarcalización de Galicia, Forges les hizo una viñeta que se repartió por cientos de camisetas y pegatinas que rezaba: «A Fonsagrada, arrombada pola fraga xuntada». El alcalde, Argelio Fernández, destacaba este jueves que Forges «foi un home universal, humilde e cunha categoría persoal superior». Sus amigos de A Fonsagrada acudirán mañana al funeral.

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