Agustín Fernández Mallo: «La mayor red social es la que nos relaciona a los vivos con los muertos»

El escritor gallego se hace con el veterano galardón con una historia que parte de la isla de San Simón en la Guerra Civil


barcelona / enviado especial

El escritor Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) se hizo ayer con el premio Biblioteca Breve 2018, en el año en que el galardón cumple su 60.º aniversario. En su libro Trilogía de la guerra combina tres relatos que giran alrededor de sendas guerras, que parten de la isla de San Simón como campo de reclusos durante la Guerra Civil y viajan a los Estados Unidos de la guerra del Vietnam y las playas francesas del desembarco de Normandía.

-¿Cómo es eso de que los muertos no están efectivamente muertos y los vivos efectivamente vivos? ¿Y eso de que todos llevamos un doble con nosotros?

-Es esa idea de la mirada hacia el pasado. Tú traes a los muertos al presente porque te van a explicar cómo eres tú. Y cuando proyectas así la mirada desde hoy hacia el pasado, de lo que ha sido, determinadas personas, hechos, situaciones, personas muertas, haces una relectura de ello, porque ellos también te están explicando, y acabas haciendo una relectura del presente, condicionada a lo que han dicho, han hecho, vivido esos muertos. Y es así que la mayor red social que existe no es la red de internautas sino la que nos relaciona a los vivos con los muertos. Cada persona del planeta Tierra está además conectada de algún modo con algún muerto en alguna guerra, siempre. Tú conoces a alguien que conoce a alguien... Toda esa masa de muertos están llamando a nuestras puertas toc-toc, toc-toc y nos están diciendo: «Oye, no estamos muertos, estamos aquí y venimos a explicaros cómo es vuestro mundo».

-Es casi ciencia ficción...

-Ojo, no es un argumento de literatura fantástica, no es fantasy, es muy real. Hablo de situaciones que yo considero muy reales. No planteo mundos imaginarios.

-Aquí no hay procesiones de la Santa Compaña.

-Cero. Cero. Cero.

-¿Hay entonces un tratamiento de esta cuestión desde el punto de vista científico?

-Bastante más, en todo caso. Pero, sobre todo, antropológico, en general.

-¿Y todo ello parte de San Simón?

-Sí. Estuve en la isla de San Simón y fue una experiencia reveladora. Llegué allí sin demasiada información, con un libro, Aillados, que cuenta algunos de los usos que tuvieron las dependencias de la isla, leprosería, campo de concentración, en fin, y lo combina con fotografías. Todo eso que ocurrió ahí, sentías algo y yo tenía que dar una explicación a qué demonios... Había como un magma, de objetos, huesos, que yo sabía que había ahí abajo. Un magma que me decía «explícame» y «estoy ahí para explicar tu mundo». Y yo tenía que dar, como poeta, una respuesta, y que no fuese científica, sino poética o novelística.

-Y usted respondió.

-Fue así como arrancó todo. Estuve allí con Julián Hernández, el cantante de Siniestro Total. De hecho, él aparece en el libro como Julián.

-Pero en el fondo parece que la isla de San Simón actúa como un espacio mágico. Eso es culturalmente muy gallego.

-Mágico, pero ¿a qué llamamos mágico? Sí, es mágico en el sentido de que hay una pulsión que tú, como ciudadano contemporáneo, del siglo XXI, no controlas. La magia es un concepto cultural, lo que para un pueblo es magia, para otro es puro realismo. Obviamente, el relato entronca con toda una tradición que vamos a llamar, entre comillas, realismo mágico gallego, que empieza con Álvaro Cunqueiro. Pero que está también en Borges o en el mallorquín Cristóbal Serra. Son interpretaciones literarias y sintientes hechas siempre desde el presente.

-¿Cómo encaja en este relato el personaje del poeta Carlos Oroza?

-Lo utilizo cuando me doy cuenta de que fue un rapsoda magnífico. En el libro se menciona, y es verdad, que fue premiado en la ciudad de Nueva York como recitador. Conocía además a los beatniks, estaba con Ginsberg y esta gente. Como gallego allí afincado y como excelente poeta... Hay un verso que se repite a lo largo de toda la novela, en boca de muchos personajes, que me parece esclarecedor: «Es un error dar por hecho lo que fue contemplado». Es un verso muy definitivo. Es decir, es un error dar por cerrado el pasado, siempre hay una cara b que viene y te dice: «No, espera». De ahí esa mezcla, que el jurado comentó, acertadamente, de Sebald y David Lynch, que parece una mezcla imposible, pero que, juntos, yo creo, llegarían a este tipo de soluciones.

-¿Pero la poesía de Oroza le interesaba?

-Aunque nunca había escuchado en directo a Oroza, su poesía me interesaba, y bastante. Pero la vida se compone de redes analógicas, que están funcionando, y una cosa te lleva a otra. Y provoca un impulso que por sí solo no podría... Supe que en una capilla de San Simón, que sale en el libro, se hizo una exposición sobre la obra de Oroza. Esto me sorprendió. Y entonces todo cobró otra dimensión.

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