Del «No a la guerra» a los abanicos rojos: los Goya, tiempo para reivindicar

CULTURA

Siete golpes sobre la mesa. Y el que se está cociendo para este sábado

07 feb 2018 . Actualizado a las 20:09 h.

Premios Goya, lugar, pero sobre todo tiempo -breve, pero tiempo-. El que cada presentador, premiado y actor invitado a entregar algún galardón disponen en pleno directo para, frente a millones de espectadores, decir lo que les da la real gana sobre lo que les da la real gana. Se esperan inocentemente de ellos palabras de agradecimiento y referencias a la cosecha cinematográfica anual -pues repasarla y aplaudirla es, en realidad, el fin último de la fiesta-; también algún que otro dardo envenenado, factible de encajar. Pero la realidad es otra, especialmente cuando hay problemas a la vista; cuando las aguas andan revueltas. Es entonces cuando esos escasos minutos de protagonismo se convierten en un apetitoso caramelito; bomba de relojería.

Del 2007 al 2010, la gala de los Goya se emitió en falso directo. Durante estas tres ediciones, a los espectadores no les quedó otro remedio que enterarse media hora tarde de lo que estaba sucediendo en la cita más importante del cine español, víctima de un corta y pega destinado a ahorrar al espectador tiempos muertos y cortes publicitarios. Imágenes y contenidos poco interesantes, argumentaron entonces los académicos. La ceremonia del 2007, aligerada, mejoró la del 2006, larguísima y soporífera, desastrosa en datos de audienciaY además, nadie alzó en ella la voz ni una sola vez. No hubo críticas en el diferido. Tres años después, los premios renunciaron al directo de mentira para recuperar la «emoción» y la «tensión». Y vaya si la recuperaron.

A la espera de la de este sábado, aquí van siete llamadas de atención (dos antes, tres después y otras dos incluso durante ese trienio de galas editadas) al micrófono del estrado de los Goya: