«Tres anuncios en las afueras», madre coraje del Medio Oeste

La primera hora de la película funciona como un reloj, como un empujón continuo

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Una melancólica canción irlandesa suena sobre los prados que emergen de la niebla: «Te doy la última rosa del verano, antes de que todo parezca muerto y frío». Al fondo del plano, tres vallas publicitarias desvencijadas, sin uso en décadas, completan el paisaje desolado. Las billboards ancladas en la doliente tierra de Misuri pronto cobrarán vida, con llamativos fondos rojos pagados por una madre coraje, unos textos que gritan: «Violada mientras moría, no hay detenidos, ¿por qué, sheriff?».

Nunca un rostro circunspecto significó tanto; Frances McDormand, dura heroína sarmentosa del Medio Oeste, no solo evoca a Brecht, remite también a su maestra encarnación en la serie Olive Kitteridge. Desatará la tempestad en su villorrio, bienvenida sea la guerra -contra policías, curas, dentistas y otras fuerzas vivas- si sirve para encontrar al asesino de su hija adolescente. Pasaron meses desde la muerte de la chica y las investigaciones no prosperan; asimismo, son unos meses los que le quedan de vida al sheriff, devorado por un cáncer de páncreas. Tras su resurrección en True Detective, después de Wilson y El castillo de cristal, Woody Harrelson sigue anotándose personajes antológicos. El duelo de los protagonistas está cargado de tensión, pero también de comprensión. Y, en sus choques comunicantes, les acompañan algunos fantásticos personajes faulknerianos, sobre todo el infantilizado policía interpretado por Sam Rockwell, al abrigo controlador de su alcohólica mamá, sensacional secundaria Sandy Martin.

La primera hora de Tres anuncios en las afueras funciona como un reloj, como un empujón continuo. Pero, poco a poco, algo nos frena, los vericuetos del argumento empiezan a parecer forzados y solo los últimos planos le devolverán el pulso a una historia que había perdido su sentido, incidiendo demasiado en un negrísimo, a veces innecesario, sentido del humor. Es como si el dotado director de la ocurrente Escondidos en Brujas quisiera demostrarnos de nuevo sus altas capacidades para sorprender. Pero, al contrario, acaba molestándonos.

En cualquier caso, la larga coda no empaña la arrasada belleza del filme. Obtuvo varios Globos de Oro. Y los Óscar esperan.

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