Krzystoff Penderecki: «La música de cámara tiene que decir algo. Si no, solo son notas vacías»

El compositor y director de orquesta dirige este viernes a la Sinfónica de Galicia, que estrenará en España uno de sus conciertos para chelo

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redacción / la voz

El polaco Krzystof Penderecki (Debica, 1933) ha escrito parte de la música más innovadora e imaginativa de la segunda mitad del siglo XX. A sus 84 años, no ha perdido el entusiasmo por la composición ni por la dirección: este viernes (Palacio de la Ópera de A Coruña, 20.30 horas) se pondrá al frente de la Sinfónica de Galicia -con Adolfo Gutiérrez Arenas como violonchelo solista- en un programa con dos de sus obras más conocidas -Polymorphia, para 48 instrumentos de cuerda, y su Segunda sinfonía, Navidad- y un estreno en España, el Concierto para violonchelo número 2. «Es muy difícil describirlo», explicó ayer Penderecki tras un ensayo con la OSG. «Se trata de un concierto que escribí para Rostropóvich hace más de veinte años, un encargo de la Filarmónica de Berlín. Recuerdo que en su momento esta pieza se recibió con gran entusiasmo. Pero creo que a la gente joven de hoy también le gustará», añade.

-Sabiendo que lo escribió para Rostropóvich quizá el solista esté un poco nervioso...

-[Ríe]. No, no, no. Esto fue hace más de veinte años. Entonces era algo totalmente nuevo, pero ahora, después de todo este tiempo, ya es un concierto clásico.

-¿Qué supone para un compositor dirigir sus obras? ¿Y qué siente cuando ve a otros dirigirlas?

-¿Sabe?, por lo general los directores dirigen mi música de una forma muy profesional. Pueden hacer música clásica, pero también piezas modernas. Pero a veces, incluso ahora, hay orquestas que tienen problemas porque al principio no la entienden.

-Habrá directores que quizá revelen matices o aspectos de su música que a usted podrían haberle pasado inadvertidos.

-Por supuesto. Y también espero a que llegue alguien nuevo, fresco, que no haya interpretado mi música antes, para que pueda interpretarla de forma totalmente diferente. Si el resultado es bueno, estaré completamente de acuerdo.

-Ahora, por ejemplo, en viajes como este, ¿encuentra tiempo para componer?

-Antes sí lo hacía. Ahora, después de unos ensayos tan largos ya no puedo escribir música a la vez [sonríe]. No, no. Prefiero irme a casa y componer allí.

-¿Qué proceso sigue cuando compone? ¿Arranca de una idea, de una melodía?

-Puede ser muy diverso. Cada pieza puede tener un origen muy diferente. Un concierto puedes escribirlo para una persona en concreto a la que admires, como en este caso para Rostropóvich, que quizá fue el chelista más grande de todos los tiempos.

-Ha escrito una obra muy variada, pero creo que su preferida es la música de cámara, en la que, dice, cada nota cuenta.

-Es la música más grande. He aprendido, en su mayoría, de estudiar las partituras de los grandes maestros. Y para mí la música de cámara está al nivel más alto. Es muy difícil. No todo el mundo puede componerla, porque para ello tienes que decir algo. Si no, solo son notas vacías.

-¿La voz humana es el instrumento con mayor misterio?

-Para mí es el más importante, el más cercano a mis sentimientos. Para voz he escrito quizá el 70 % de todo lo que he compuesto durante mi vida. No solo voz sola, también coros, coros con orquesta o a capela. Me encanta la voz humana. Cada conjunto, cada coro, es distinto. Son personas distintas, no son idénticas. Un violín o un piano son el mismo instrumento, pero cada voz es única y distinta.

-Seguimos esperando por su «Novena sinfonía». ¿Cómo va?

-Por lo general, la novena sinfonía es la última. Así que estoy esperando. Pero quizá haya llegado el momento, sí.

«Me gustó mucho dirigir a la Orquesta Joven»

La estancia de Penderecki en Galicia se abrió el pasado lunes con un concierto en Ferrol en el que el polaco dirigió a la Orquesta Joven de la Sinfónica. Interpretaron el Concierto para violín y orquesta n.º 2 del propio compositor -con Sayaka Shoji como solista- y la Séptima sinfonía de Dvorák. Para Penderecki fue una experiencia «excelente». «Me gustó mucho trabajar con la orquesta de estudiantes, tan llenos de entusiasmo y ganas de aprender. Aprenden muy rápido, incluso música muy difícil, como la mía. Fue un concierto magnífico», detalló un autor que a lo largo de su carrera siempre ha cuidado el trabajo con las nuevas generaciones. «Tienen una musicalidad que no ha sido estropeada. Son abiertos, no tienen problemas en aprender cosas poco frecuentes», describe.

De hecho, las colaboraciones de Penderecki también se extienden a músicos de otros ámbitos musicales, que, no obstante, comparten afinidades y admiración. Son los casos de intérpretes como los británicos Jonny Greenwood (Radiohead) y Beth Gibbons (Portishead). El primero dio rienda suelta a su fascinación por la obra de Penderecki en piezas como 48 Responses to Polymorphia. Ha actuado con él, al igual que Gibbons, de quien el polaco elogió ayer su voz: «Tiene un timbre muy hermoso».

También han recurrido a su música cineastas como Stanley Kubrick, que la utilizó profusamente en El resplandor, David Lynch, Martin Scorsese o Peter Weir. ¿Qué le parece oírla en combinación con sus imágenes? «No fue elección mía, ellos eligieron qué piezas querían. Creo que estuvo bien. Me gustó», responde el compositor.

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