Además de la mula y el buey, el borrico

«Se armó el belén» ha conseguido el milagro de la dignidad aparente: es entretenida


Aunque hará media decena de años Benedicto XVI le recordó al mundo que en el portal de Belén no había animales, provocando así un cataclismo entre los fabricantes de figuritas de Navidad, los de Sony-Columbia pasan de Ratzinger y de los evangelios de Lucas y Mateo e incluso le enmiendan la plana a San Francisco: en el pesebre hay mula, hay buey, hay burro y ¡hay animales por un tubo!

El borrico, harto de la rueda del molino, se erige en protagonista de Se armó el belén, acompañado de un palomo algo cojo, una oveja negra, tres camellos sedientos y quejicas y dos perros malos apuntados al servicio de Herodes, amenizando todos juntos una película infantil, ideal para las escuelas cristianas. Claro que el burrito tiene delirios de grandeza y sueña con formar parte de la caravana real romana, porque es un jumento muy humano. En fin, el caso es que, con todo, ayudará a María y a José en su célebre viaje. Sorprende bastante una María morena de enormes cejas y resplandecientes ojos azules que le da un trozo de queso a un ratón privilegiado que ¡es testigo de la Anunciación! «¿Debo decir gracias?», le pregunta la futura madre de Jesús a la bola de fuego parlanchina, porque, por cierto, nada de Ángel Gabriel, ahí también la historia de la iconografía resulta vapuleada: ¡dónde quedan los querubes alados de Fra Angélico, Leonardo o el Greco! ¡Cuántas libertades! Hasta José intenta domar al pollino en plan spaghetti western. O sea que hay humor blanco -persecución por los tejados, homenaje a ¡El halcón y la flecha y a El temible burlón!-, algo de beatería -que, a veces, corre el peligro de prestarse a cachondeo- y bastante talento visual en una película barata -18 millones de dólares para hacer animación es pura limosna- que, al menos, ha conseguido el milagro de la dignidad aparente: es entretenida.

Una curiosidad, el director del filme, con experiencia en otras animaciones familiares de Columbia -Colegas en el bosque o Lluvia de albóndigas- ¡ayudó a Charlie Kaufman en la muy surrealista y demoledora paranoia existencial, Anomalisa!

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Además de la mula y el buey, el borrico