¿Y si «Love Actually» no fuese la encantadora película que siempre creímos que era?

Un hilo de Twitter desmonta el clásico navideño después de que su autor se diese cuenta de un pequeño detalle que, hasta ahora, había pasado desapercibido


Aunque parezca que lleva toda la vida entre nosotros, no fue hasta el 2003 cuando se estrenó Love Actually, convertida ya en clásico navideño, película romántica por excelencia de estas fechas de paz, villancicos y amor. Envejece admirablemente, sin que por ella se note apenas el paso del tiempo: su visionado es una auténtica tradición en la recta final del año, con palomitas, manta y temperatura de madriguera si es posible. Pero ¿y si este rompecabezas de tiernas historias no fuese realmente la encantadora película que creemos que es, fuente de esperanza, brújula moral, segregadora de endorfinas? ¿Y si entre todas esas enseñanzas vitales que imparte la comedia romántica de Richard Curtis hubiese una moralmente reprochable? ¿Y si nos hemos perdido uno de sus mensajes?

No lo veíamos, pero estaba ahí: las mujeres de Love Actually no hablan, no toman decisiones. Sus sentimientos no son relevantes para la trama. Todos sus relatos son sobre hombres, protagonizados por ellos, guiados por ellos. Es esta la tesis del poeta y dramaturgo Ernesto Filardi, hasta hace nada devoto incondicional de esta colmena de tiernas intrigas llena de nudos. Argumentada y bien argumentada -35 explicaciones y alguna más, añadida posteriormente- en un hilo de Twitter, va camino de convertirse en el nuevo hit viral de la red social. Estas son sus conclusiones, fruto -apunta- de su cambio como espectador, resultado -insiste- de leer a más autoras y de fijarse en «los sesgos que hay en las tramas de ficción». 

¿Y qué es lo que ve ahora en Love Actually que no era capaz de ver hace dos años y medio?

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