Dejad que los niños se acerquen al libro

Los escolares invaden la feria de Guadalajara; hojean obras de todo tipo y escuchan a autores como Cornelia Funke

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La Voz en Guadalajara

«¡Beso, beso, beso!». Los pasillos de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) parecen los de un gigantesco instituto. Están abarrotados de adolescentes que se cruzan, flirtean, se sientan en la moqueta. Pero también hojean libros, buscan escritores, entrevistan a los moradores de los estands. «¿Cuándo empezó usted a escribir? ¿Cuáles son sus autores favoritos? ¿Qué se come en Galicia?». Desde la organización cuentan que algunos editores solicitaban que se les restringiera el acceso a los adolescentes porque solo venían «a morrearse y, como no tienen dinero, apenas compran». La respuesta fue potenciar las actividades específicas dirigidas a los jóvenes. «¿Cómo vamos a matar a nuestra granja de lectores?», señalan desde la FIL.

Los alumnos pululan por los puestos de literatura infantil y juvenil, pero también por los de obras para adultos, preguntando el argumento de un libro, el nombre de un autor. Miran la gran foto de Leonardo Padura. Se asustan ante los pesados tomos de gramática. Se amontonan para ver la videoconferencia de Cornelia Funke, la autora de la saga Mundo de tinta, que les dice que ellos «comprenden mejor la veracidad de la magia». Y muchos se quedan hipnotizados por el trabajo de los ilustradores. Tuvieron la ocasión de trabajar con el gallego Federico Fernández. El artista, enfundado en un mono amarillo, baila, pincha música con un vinilo... «¿Eres un Minion? ¿Qué es un vinilo? ¿Qué es un tocadiscos? ¿Se puede descargar esa música?», le preguntan. «¿Quién quiere pintar?», dice él. Y allá van los niños. Se acaban llevan sus propias ilustraciones, los personajes que habitan en el libro Balea, ese mural de doble cara del «ingeniero Fernández».

«Bruxa e familia» y «Muriel»

Dentro del programa de actividades organizado por la Xunta de Galicia en Guadalajara, Paula Carballeira presentó su última obra, Bruxa e familia, con un recorrido por sus pequeños personajes, desde el caracol Prisciliano hasta el ratón Caruso. Y demostró de forma empírica que existen al menos 28 maneras diferentes de hacer reír a un niño. Entre el público, Santiago y Galicia, hijos de Manolo, gallego con acento mexicano. «¿Está traducido el libro al castellano?», le preguntaba una mujer a Carballeira. No. «Se queres tradúzocho eu», se ofreció Manolo.

También está pendiente de traducción Muriel, premio Merlín 2017. María Canosa habló en la FIL de un libro que no lanza a los niños el gancho de la gran aventura, sino que ofrece el de la sensibilidad. Y todo empieza con un niño triste y especial, un raposiño y un vaso de leche.

«Yo no me baño en piscinas climatizadas con Vargas Llosa»

Una alemana, una española, una francesa y un portugués. No es un chiste. La Feria del Libro de Guadalajara organizó un Festival de las Letras Europeas. En una de las conferencias más frescas participaron Antonia Michaelis, Marta Sanz, José Luis Peixoto y Muriel Barbery. Gente sin complejos que llevó al auditorio de la risa a la perplejidad.

«Odio los hermanos Grimm, no los soporto, me salen ronchas en la piel», dijo Michaelis, la autora de cuentos de hadas oscuros que presentaba Nashville, cuando el moderador le preguntó por sus referencias en la literatura infantil. «Cuando escribí mi primera novela no sabía quién era Juan Rulfo. Lo leí cuando después de que por tercera vez me preguntaran si me había servido de inspiración», confesó Peixoto. «Yo vivo en Madrid, en un tercero sin ascensor. Yo no me baño en piscinas climatizadas con Vargas Llosa y con... », explicó Marta Sanz, que trae a Guadalajara Clavícula. Hasta fue más allá. «Es que hay que romper de una vez ese mito del proceso creativo del escritor encerrado, con grandes cascos que lo aíslen del ruido. Yo trabajo con las ventanas abiertas, escuchando cómo la señora del primero le grita a su hijo, con los efluvios del cocido de la vecina...», explicó. Y, a continuación, Muriel Barbery, avergonzada, reconoció: «Uy, pues yo soy de esos autores que necesitan cascos que te aíslen». Sopa de letras europea, pero picante.

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