«Shippear», «crush», «salseo»: Diccionario para entender a tu hijo adolescente

Esto es lo que hacen cuando «stalkean», lo que quieren decir cuando hablan de una «pareja goal» y lo que son cuando alguien les llama «carpeteros»

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Estados de WhatsApp incomprensibles. Expresiones que suenan a chino. Contestaciones que no pueden significar nada bueno y comentarios en Instagram -Snapchat, Twitter- incapaces de ser interpretados. La brecha generacional es hoy un pronunciado socavón alimentado por las redes sociales, la mensajería instantánea y los realities de televisión, progenitores de una jerga que ha relegado al adulto a carca desorientado. Los adolescentes hablan, literalmente, en otro idioma: una variante de nuestro rico castellano apareado con anglicismos -y algún que otro neologismo- que ha dado lugar a un glosario tan enrevesado como exótico, ininteligible si uno no tiene entre 12 y 20 años. Aquí, una guía básica para el descifrado:

«Shippear» / «shippar» / «shippeo»

No hay término que actualmente esté más en boca de los jóvenes (y no tan jóvenes) que shippeo, acción de shippear o shippar. En la propagación de esta fiebre mucho tiene que ver el tirón que está teniendo la última edición de Operación Triunfo, especialmente su disección en las redes sociales y la costumbre de comentar en Twitter cualquier concurso de telerrealidad, la ingesta bulímica de series actual y los cómics. Espectador y fan del tebeo tienen en común su empeño por emparejar a gente -personas reales o personajes de ficción-, una afición que se traslada también a la vida real. Así, shippear es apostar por un futuro romance de dos personas. ¿Cómo se usa? «Yo shippeo a Max y a Lucas (de Stranger Things)», por ejemplo. 

Derivan estos términos de la palabra inglesa relationship (relación) y, según la Wikipedia, define la implicación emocional o intelectual de alguien en una historia romántica entre dos o más personas. En resumen, significa que a alguien le gustan dos personas como pareja, que «apuesta» por ellos, que cree que pegan. Aunque también se usa en la calle para hablar de gente de carne y hueso, los shippers nacieron al calor de Internet, donde esta práctica está extendidísima. Los fans apoyan o promocionan una determinada pareja de la cultura de masas; da igual que estén o no juntos. Da igual, siquiera, que exista alguna posibilidad de que el deseo del seguidor acabe en romance. A esta pareja se le llama ship, y se les suele bautizar con nombres compuestos por la unión de los suyos. Por ejemplo, Amaia y Alfred, de OT 2017 ya son Almaia. 

«Crush»

Un crush es un flechazo, un amor a primera vista, y tiene una connotación romántica, completamente platónica. No se dice «tuve un crush», sino que se utiliza con pronombre posesivo: mi crush, tu crush, su crush. Con este término, nuestros chavales se refieren a alguien que les encanta, por el que están un poco locos, pero con el que saben que nunca (o al menos pronto) tendrán algo más. Tiene mucho que ver con la tontería del arrebato, con fantasear, y se refiere más a alguien idealizado (incluso a un cantante o a un actor) o desconocido (a un chico o una chica al que solo conocemos de vista o al que hemos descubierto en Instagram y nos despierta mariposas en el estómago) que a una persona cercana, a un «rollo», un «lío» o a alguien que les guste de verdad.

«Carpetero» / «Carpetear»

Esta familia de términos fue engendrada por los fans de los realities shows. Los carpeteros (más extendido en femenino: carpeteras) son aquellos seguidores que se obsesionan con una historia de amor entre dos de los protagonistas de un programa, inquietos y preocupados por sus vínculos emocionales. Abundan entre los espectadores de Gran Hermano, pero también entre los de las series de televisión, implicados más de lo normal en lo que el argumento le deparará en el futuro a su par favorito. Comentan al detalle las conversaciones; repasan con lupa el minutado, los vídeos; y, casi como grupies, se dedican a hacer campaña incondicional por sus queridos protegidos, de quienes se convierten en firmes defensores. El término, como habrán imaginado, hace referencia a las carpetas de instituto de las adolescentes, forradas, sin un solo espacio en blanco, de fotos de sus ídolos.

«Pareja goals»

Dícese de las parejas ideales, parejas que nos parecen perfectas, «cuquis», apuntan adolescentes consultados. Parejas en las que los dos miembros son guapos, ejemplares. Parejas a las que nos gustaría parecernos. Parejas como las que aparecen en las redes sociales -cocinando juntos, paseando por la orilla del mar...-, de esas que nos dan mucha envidia. 

«Salseo»

El salseo comenzó en Youtube como una especie de Sálvame de los youtubers, una práctica basada únicamente en escudriñar en la vida personal del Rubius, Wismichu, Yellow Mellow y compañía, y comentarla. Hoy, el salseo tiene más que ver con el tonteo, con el coqueteo y con el chisme. La RAE define salsear como «entremeterse, meterse en todo». Y por ahí van los tiros, por el cotilleo. Cuando en un grupo (o entre dos personas) hay salseo es que hay movidas -historias-, relaciones, flirteos, etc.

«Stalkear» / «Stalker»

Dice la Fundéu, que se prefiere «acechar, espiar, husmear o incluso acosar». El verbo stalkear, integrado por completo en el lenguaje del adolescente, significa «seguir a alguien en las redes sociales para obtener información y observar sus movimientos». Un stalker es aquel que cotillea los perfiles de otros en las redes, el stalkeo es un arte que practican los más hábiles en la indagación y el fisgoneo. Muy habitual es stalkear a los ex y a los que nos caen mal. Ejemplos de su uso (aportados también por el buscador urgente de dudas del BBVA): «Lo bueno de no tener Facebook es que es más difícil de stalkear», «Suelo stalkear a mis amigos en Twitter» o «Al parecer, stalkear a tu nueva cita en la redes sociales es la nueva tendencia».

El término es una adaptación del inglés stalking, que puede traducirse como «delito de seguir u observar a alguien durante un período de tiempo prolongado y de una forma molesta o amenazante». En español, sin embargo, se desprende de ese matiz delictivo. 

«Talifán» / «Talifanear»

Talibán + fan = talifán. Se refiere a fans obsesivos, poco autocríticos, incluso saboteadores, ya sean de grupos musicales, programas de televisión o figuras públicas. Seguidores que llevan al extremo su pasión por algo o alguien, equipándose con merchandising, imitando al adorado en cuestión, hablando como él, moviéndose como él. Está muy relacionado con los fans que se adueñan de la terminación «-er» para autodenominarse, fandoms o conjuntos de aficionados que comparten una misma pasión. Por ejemplo: directioners (fanáticos de la boy band británico-irlandesa One Direction), beliebers (de Justin Bieber), swifties (de Taylor Swift) e incluso errejoners (de Íñigo Errejón).

«Hacer un next o nextazo»

«Hacer un next» es pasar olímpicamente de alguien. Dejar de prestar atención a alguien cuando está hablando, ignorando a la persona en su propia cara sin delicadeza alguna. Cuando alguien hacer un next, suele cambiar de tema o ponerse a mirar el móvil. 

«Fail» / «Epic fail»

Cuando algo no sale bien, los jóvenes utilizan la palabra fail. Si el tema ha sido un desastre en toda regla, se eleva a épico, convirtiéndose en un epic fail que será recordado por los siglos de los siglos. Si un colega se pasó toda una noche intentado ligar con una chica y no consiguió nada, es un fail. O si resulta que iba a ir a una fiesta y al final la fiesta se canceló... «Menudo fail». 

«Dramar» / «Dramas» / «Dramando»

Siempre se ha hecho: adueñarse de un sustantivo y hacerlo verbo, o viceversa. En un mundo como el actual, donde las redes sociales todo lo exageran -las discusiones son radicales en Twitter; la felicidad, desmesurada en Instagram; nada es templado-, no resulta extraño que las generaciones que vienen hayan echado mano de la palabra drama para juguetear un poco con ella. Draman los que hacen de todo un drama. Un dramas es, por tanto, el que todo dramatiza, el que llora, el que clama, el que lo ve todo negro, el que a todo le da vueltas. Y está dramando, por tanto, quien hace de ello una práctica. 

«Rentar»

El mal utilizado «me cunde» tiene sustituto: «me renta». Aunque, atendiendo a la RAE, cundir significa «propagarse o multiplicarse», hace tiempo que la expresión se usa para hacer referencia a algo que nos «aprovecha», en el sentido de sacarle a algo el máximo partido, el máximo rendimiento. Hoy, algunos adolescentes prefieren tirar del verbo rentar, que tiene ese componente de beneficio, de satisfacción. «Me renta que vengas esta noche». «Ese plan me renta».

«Random»

Desciende del término inglés, popularizado gracias a los reproductores musicales, que significa aleatorio, fortuito, casual. Su utilización es muy amplia y difícil de explicar, porque viene bien para muchas cosas -cuantísimas cosas son hoy aleatorias...- y porque además (como cundir y como bizarro) se usa, en muchas ocasiones, mal. ¿Cómo debemos recurrir a ella? Cuando estrictamente queremos hacer referencia a algo imprevisto, azaroso. Aleatorio. Ejemplos: «Invitaré a la fiesta a gente random» (Invitar a gente a lo loco, aleatoriamente). «Conocí a la madre de mis hijos de forma random» (Conocer a alguien espontáneamente, al azar, una noche en una discoteca, fue ella como podría haber sido otra). «Es muy random» (Es impredecible, aleatorio, un día hace una cosa y otro día otra). «Acabamos la noche en un sitio random» (Un sitio al azar, como podría haber sido cualquier otro).  

«Postureo»

Más común. Dícese de la adopción de ciertos hábitos, poses y actitudes más por apariencia que por convicción. Postureo y posturear son, dice la Fundéu, neologismos bien formados que siguen el paradigma de ningunear/ninguneo, flirtear/flirteo, menear/meneo y muchos otros. Debemos su origen, una vez más, a las redes sociales, donde empezó a recurrirse a ellos, emparentados con postura y sobre todo con pose, para calificar actitudes impostadas, con un sentido que puede ir de lo irónico a lo despectivo. Hoy se utilizan en cualquier ámbito, no solo en el de aparentar en Facebook o en Instagram, y de ellos deriva otro término más, poser, para hacer referencia a aquel que ejerce el postureo con frecuencia

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