Un mes sin oxígeno para proteger el arte de insectos de la madera

El Museo de Pontevedra es el único de Galicia con cámara de anoxia, el método más eficaz para preservar obras

Los métodos artesanales pueden alterar la obra de arte y emiten gases toxicos
Los métodos artesanales pueden alterar la obra de arte y emiten gases toxicos

Pontevedra / La Voz

Tiene una capacidad de 27 metros cúbicos (3x3x3) y está situada en un sótano del Museo de Pontevedra al que solo se accede acompañado y con autorización. Es tan difícil que alguien de fuera se cuele en su interior como que alguna termita o carcoma salga vivo de ella. De hecho, esto último es imposible. La cámara de anoxia del Sexto Edificio es, además de la única del noroeste, una de las pocas que hay en el país. Por ella pasan cada año centenares de piezas de arte que contienen madera, y salen de allí libres de xilófagos.

Aunque el equipo de restauración del complejo museístico ya no concibe el trabajo sin ella, en su momento fue una apuesta arriesgada y costosa -se invirtieron en ella unos 230.000 euros- en la que se empeñó su director, Carlos Valle. La idea es contar con un sistema efectivo de eliminación de insectos que se alimentan de este material. Aunque nunca llega a ser peor el remedio que la enfermedad, lo cierto es que los métodos manuales pasan en muchas ocasiones por impregnar los objetos de sustancias que pueden producir alteraciones físicoquímicas en los metales y las policromías, por ejemplo, además de emitir gases muy tóxicos para los operadores, explica la responsable del equipo de restauradores del Museo, Sonia Briones.

La cámara de anoxia no tiene efectos secundarios
La cámara de anoxia no tiene efectos secundarios

Temperatura y humedad

Hay dos maneras de acabar con estos bichos. Una se basa en someterlos a elevadas temperaturas y a bajísimos niveles de humedad. El problema es que estas condiciones no son buenas ni para los insectos ni para las pinturas, esculturas o muebles. La otra, privándolos por completo de oxígeno. Y esta no tiene ningún efecto secundario sobre las piezas de arte. El sistema es sencillo de explicar (no tanto de lograr): cada obra mínimamente sospechosa de contener algún xilófago es aislada hasta que se introduce en la cámara de anoxia. Cerrada herméticamente, se va reduciendo la cantidad de oxígeno hasta llegar a niveles inferiores a 0,001, y se sustituye por nitrógeno. Este proceso, matiza Briones, dura entre uno y dos días. Las cuatro semanas restantes consisten en una lucha inútil de los insectos por sobrevivir en esas condiciones. Transcurrido ese plazo, las obras quedan descontaminadas y listas para pasar a cualquiera de las salas del museo para mezclarse con referentes culturales del mundo.

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