Kazuo Ishiguro: «Me encanta haber sido traducido al gallego»

El premio nobel de Literatura asegura que es importante «mantener vivas las culturas más pequeñas y las lenguas minoritarias»


Redacción / La Voz

Desde su bilingüismo, Ishiguro asegura que es importante «mantener vivas las culturas más pequeñas y las lenguas minoritarias». Lo dejó claro durante su estancia en Compostela en el 2007 con motivo del Premio de Novela Europea Casino de Santiago, que le fue otorgado por Nunca me abandones. Con el título de Non me deixes nunca se publicó en gallego en Galaxia, que unos años después editaría los relatos de Nocturnos (en las traducciones de Eva Almazán y María Alonso Seisdedos, respectivamente), cuya gestación ya había avanzado el autor en la misma entrevista con La Voz. «Me encanta haber sido traducido al gallego, lo que le otorga un carácter más especial al premio», declaró entonces.

Ishiguro también detallaba cómo en la novela galardonada «quería buscar una metáfora para la muerte, sobre cómo abordamos la muerte y de qué manera cada individuo encaja en un esquema social y acepta su destino sin ser consciente de ello, asumiendo su propia existencia sin cuestionarla». Es el caso de los protagonistas de su historia: alumnos de un internado británico en cuya idílica rutina empiezan a aparecer unas grietas por las que entrevén un futuro amenazador, ya que en realidad son clones cuya finalidad es surtir de «piezas de repuesto» a humanos con problemas de salud.

Nunca me abandones fue recibida como un ensanchamiento de los límites de la narración de ciencia-ficción, aunque Ishiguro siempre ha asegurado que los géneros literarios deben ser porosos y evita los encasillamientos. De hecho, con El gigante enterrado se ha originado una polémica similar y el autor ha tenido que aclarar que su interés no es poner el foco en las taxonomías y que en ningún caso pretendía minusvalorar la fantasía, como se llegó a sugerir.

El gigante enterrado explora cómo una comunidad se recupera de una atrocidad, mientras que en Nunca me abandones el horror, convenientemente camuflado, se ha asentado gracias a lo que Ishiguro calificó como «los desmadres de la ciencia». Un ámbito por el que siente un interés que también es, en parte, biográfico. La máquina con la que su padre predecía las tempestades en el océano ahora forma parte del Museo de Ciencia de Londres.

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En 1960 Shinzo Ishiguro dejó Japón para aceptar un puesto en el Instituto Nacional de Oceanografía británico, para el que desarrolló una gigantesca máquina que predecía tempestades y su impacto en la costa. Su mujer y sus dos hijos, Fumiko y Kazuo, también abandonaron su Nagasaki natal para establecerse con él en Guildford, en el condado de Surrey. Los Ishiguro esperaban quedarse apenas un par de años, por lo que mantuvieron viva la conexión de sus hijos con su cultura originaria a través de libros y otros materiales. El tiempo pasó. Nació otra niña, Yoko. Asistieron primero al colegio, a la universidad después. Kazuo, que contaba cinco años cuando cambió un país por otro, no volvería a Japón hasta ser adulto, convertido ya en escritor.

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