Manuel Vilariño: «Escribo poesía desde el silencio, desde la soledad acogedora de la umbría»

El nuevo poemario «Animal insomne», publicado por Trifolium, da título a la exposición que tiene en Madrid


A Coruña / la Voz

Un poeta a la intemperie. «Camino a una playa, a un bosque, a una marisma para sentir el origen de la primera hora del día, el despertar. Esa es una experiencia única. Después de las tinieblas que tu mirada se abra al mismo tiempo que lo visible. Es en la aurora, en esos instantes de silencio, cuando yo fotografío el paisaje». También de esas horas son casi todos los textos del último poemario de Manuel Vilariño (A Coruña, 1952), Animal Insomne (Editorial Trifolium). Es el mismo título de la exposición fotográfica que tuvo en julio en Madrid y que retomará durante unos días en septiembre. Con la dedicatoria a Niní García, su mujer fallecida, y el verso de José Ángel Valente, «Nada tiene más fuego que la ausencia», arranca un volumen donde escribe versos como «Me he perdido en la intemperie gris. / Solo el silencio me acompaña»; donde habla de la tristeza como «un mineral amargo», alude a «la sima de la melancolía» o cuenta como «cada noche, Haydn sueña pentagramas / de tomillo y rumor de olas, / y Dickinson comparte tus silencios».

-¿Valora mucho los silencios?

-Podríamos decirlo como Hamlet que muere diciendo: «El resto es silencio». Eso es brutal.

-¿Qué es «Animal Insomne»?

-Este libro está estructurado en cuatro partes: Nostalgia, Umbría, Fragmentos, como pequeños textos poéticos o aforísticos de la tradición de la literatura fragmentaria, y la cuarta es Alba, que podríamos decir aurora que es un concepto que utilizo mucho a nivel fotográfico y literario por el significado que tiene de iluminación.

-Es un poemario donde manda la ausencia y la nostalgia.

-La primera parte del libro tiene un tono podríamos decir elegíaco y es todo como el fuego de la ausencia; es el recuerdo más melancólico del amor. Esta obra, y yo creo que todos los libros y cualquier obra creativa, es un acto de amor. Esta está escrita desde la nostalgia, desde la melancolía, porque al final todo es melancolía, porque nunca hay vuelta atrás. No existe el retorno. Todo lo que he escrito, fotografiado o hecho en mi vida lo he hecho por amor.

-La luz, básica para la fotografía, aparece en muchos versos...

-He dicho muchas veces que fotografía y la poesía es una unidad indivisible. Pero hoy añadiría que poesía, fotografía y música forman un todo indivisible. Entiendo la poesía y la fotografía como componer silencios. La palabra es interioridad, como lo es la imagen, es una experiencia de interioridad, aunque lo traduzcas luego en ausencias.

-¿Por qué escribe poesía?

-Escribo poesía desde el hondón, o desde el silencio de los abedules entre los que paseo, desde la soledad acogedora de la umbría, desde la música. No escribo poesía en una cafetería, ni en un aeropuerto; la escribo desde la soledad más íntima que es la naturaleza que engloba la imagen y la música.

-Usa mucho dos conceptos poco habituales como son la soledad y el silencio.

-Bueno, los que he usado siempre. Hay gente que dice que le interesa mucho la soledad, la naturaleza, pero está siempre viajando de aeropuerto en aeropuerto. Hoy en día la naturaleza, para muchos, es un parque temático. Hay un gran fraude con los conceptos de soledad, de silencio o de vacío.

-¿Qué lee?

-Ahora vuelvo a los libros que me marcaron cuando era joven, Es tratar de recuperar lo perdido. Volver a leer la Odisea, que la había leído hace 30 años, o cuando me fui al hospital con las obras completas de Thomas Mann y abrir La Montaña Mágica, sin buscarla, y que de repente les leas parte de ella a las enfermeras y todas te dicen esto es maravilloso... Te llevas a Thomas Man al hospital, no te vas a llevar a San Juan de la Cruz porque entonces ya no vuelves [risas].

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