La pasión lectora mantiene su fe en el mundo novelístico de Jane Austen

En el bicentenario de la muerte de la autora británica sus obras no han perdido vigencia

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redacción / la voz

Aunque las celebraciones comenzaron hace ya meses, la conmemoración del bicentenario de la muerte de Jane Austen ha llegado a su punto culminante. Hace hoy doscientos años que la escritora falleció en la ciudad inglesa de Winchester, cuya catedral alberga su sepultura y que se ha convertido en lugar de peregrinación para los incontables devotos del mundo novelístico de Austen, condensado en seis títulos cuya vigencia no solo no ha vencido, sino que ha aumentado: Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park, Emma, La abadía de Northanger y Persuasión. Gracias a su talento narrativo y su aptitud para el retrato psicológico, individual y colectivo, y factores extraliterarios pero de notable influencia -la veta inagotable que el cine y la televisión han hallado en sus historias-, la fe lectora en Austen no perdido pasión.

Los festejos en torno a la efeméride son el testimonio visible de esta admiración literaria, patente de forma especial en el Reino Unido. Exposiciones como las que le ha dedicado la Biblioteca Británica o la de la Bodleian oxoniense, que escudriñan en las relaciones entre obra y vida de una autora de quien poco se sabe -la correspondencia con su hermana, que tantos detalles podría haber ofrecido, se quemó a su muerte-, pero también aficionados vestidos a la manera de sus personajes, rutas por sus lugares de residencia o la inclusión de su rostro en un billete de diez libras -que algunos han criticado por demasiado idealizada- son también indicadores de la popularidad de la escritora. 

Clásicos

La obra de Austen se acomoda a esa definición de lo que es un clásico, ese libro que en cada relectura ofrece algo nuevo. Además, resuena también en cada nueva generación de lectores, quienes, a pesar de la lejanía temporal y espacial, quedan fascinados por sus personajes y su época. Son títulos que en primera instancia remiten a una visión idealizada de Inglaterra, con sus mansiones y sus propiedades, pero que se articula sobre diferentes estratos donde laten cuestiones como las diferencias de clase o la situación subordinada de la mujer, con una perspicacia inusual para el retrato de las relaciones humanas como argamasa común. Precisamente Austen conoció bien los prejuicios hacia las mujeres que escribían -y se ocupaban de otras tareas reservadas tradicionalmente a la esfera masculina-. Sin llegar a la pobreza, se movió en una familia extensa con más patrimonio, ejerciendo labores como el cuidado de parientes pequeños. 

Innovación técnica

Esa imagen aparentemente idílica, bucólica y burguesa, de una Inglaterra decimonónica, también amenaza con ocultar algunos aspectos innovadores con los que Austen contribuyó a la técnica literaria. Uno de los más importantes es la formulación narrativa que ha dado en llamarse estilo indirecto libre: hasta entonces, un escritor optaba por una voz en primera persona o bien por un narrador omnisciente. En Emma, Austen combina a la perfección lo interior y lo exterior, manteniendo un relato en tercera persona pero que incluye los pensamientos y sentimientos de la protagonista. Un cambio de gran trascendencia para la escritura posterior.

El legado de un escritor no solo se halla en la perdurabilidad de sus propias obras, sino que también viaja a través de otras, de contemporáneos o de epígonos, que reconocen su influencia. Joyce Carol Oates, entre otras muchas autoras, ha alabado su prosa, que consigue disimular la sátira bajo la sombra del parasol de una dama. E Ian McEwan la cita como el ascendente principal de su novela Expiación, que tanto debe a La abadía de Northanger.

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