¡Ahí va ese bólido!

El guion de «Cars 3» es de una pobreza mayúscula y convierte a la película en un filme solamente recomendable para niños de menos de diez primaveras


Como espectadores habituales de películas de animación, lo aceptamos casi todo: animales humanizados -por supuesto-, juguetes vivientes, salchichas incorrectas y asustados cacahuetes. Pero esto de los coches que hablan nos cuesta algo más. Y eso que somos de la generación que ha visto a Herbie, el Volkswagen inteligente de la Disney que hasta podía enamorarse, y a Kit, televisivo coche fantástico programado que a veces nos hacía dudar de su naturaleza.

Siendo tan igualmente improbable como la existencia de pingüinos parlanchines, no entendemos muy bien lo mucho que nos cuesta entrar en el mundo de Cars, un invento de John Lasseter que se nos antoja casi surrealista y que llega ahora con su tercera entrega, dispuesta ya la máquina registradora para el merchandising y los juguetitos, negocio que la competencia de DreamWorks ha copiado con su menos exitoso Turbo. Todo en la franquicia automovilística de los estudios Pixar gira alrededor de un universo habitado exclusivamente por coches muy comercializables, de grandes ojos situados en el parabrisas. Llevan una vida sospechosamente parecida a la de la raza humana, aunque su actividad se reduzca en realidad a «rodar y rodar», como en una ranchera o una canción de Bob Dylan.

Hay que decir que el guion de Cars 3 es de una pobreza mayúscula: el cochecito protagonista, de mecánica algo anticuada, deja de ser ganador en las carreras y, para derrotar a su flamante rival enlutado, debe reciclarse y aprender. Hay algún mensaje cutre del persevera y vencerás, del renovarse o morir. Y lo demás son unos aparentes videoclips con puestas de sol en el Monumental Valley fordiano. Sonríes alguna vez con las ocurrencias de los coches colegas del prota o con los abruptos guiños a películas. La mejor secuencia es ese entrenamiento en la playa, que evoca la carrera de Steve McQueen en El caso de Thomas Crown, pues, no lo olvidemos, el auto protagonista de Cars se llama Rayo McQueen en honor al actor que corrió Le Mans y que estaba loco con la velocidad.

Y, ¡hala!, carreras y carreras. Pues, ¿de qué otra cosa está hecha la vida de los automóviles? En fin, filme solamente recomendable para niños de menos de diez primaveras.

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