Marcos Martinón-Torres: «Las armas de los guerreros de Xian están perfectamente afiladas»

El investigador ourensano estudia el ejército de terracota desde hace diez años

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Pekín

La historia de la batalla contra la muerte del primer emperador de China se cuenta con acento gallego. Desde hace una década, el arqueólogo Marcos Martinón-Torres (Ourense, 1977), catedrático del Instituto de Arqueología del University College de Londres, investiga cada hallazgo que se obtiene en el examen de los miles de guerreros de terracota de Xian.

-Después de diez años estudiándolo al detalle, ¿qué es lo que más le sorprende de este yacimiento?

-Lo más sorprendente es que, a pesar de venir todos los años y tener un acceso privilegiado, siempre hay cosas nuevas y retos nuevos. Una de las cosas que descubrimos analizando las armas que tienen filo es que, si las pones bajo el microscopio, ves unas estrías perfectamente rectas y paralelas que son diagnóstico del uso de un instrumento de afilar rotatorio. Es la primera vez en la historia que se documenta este tipo de instrumento y tiene la broma de que venga un ourensano aquí a descubrir esto, porque a los ourensanos nos llaman afiladores. Más allá de la anécdota, demuestra que no se escatimó ningún tipo de esfuerzo en la creación de este ejército y las armas son reales y letales.

-¿Cuál es la principal línea de investigación que desarrolla su equipo?

-Cómo se creó este ejército es una de las preguntas fundamentales de nuestro proyecto. Cómo fue posible conjugar de una manera tan armónica todos los conocimientos tecnológicos, toda la sensibilidad artística y todos los recursos materiales y humanos que permitieran crear algo tan único y tan grande. El descubrimiento global que sorprende es que todo esto no fue construido por una gran cadena de trabajo divida en unidades especializadas para cabezas, manos, etcétera. Parece ser que había muchos talleres pequeños operando por separado, probablemente con un control de calidad común.

-¿Sobre qué hipótesis está trabajando en este momento?

-Estamos analizando un aspecto bastante controvertido, que es por qué las armas está tan bien conservadas. Estamos acostumbrados a que los bronces prehistóricos tengan ese color verdoso de la corrosión; sin embargo aquí la mayoría de las armas todavía brillan, están afiladas. Varios análisis confirmaron que en la superficie de estas armas había restos de cromo. Eso llevó a pensar que hace más de 2.000 años los artesanos hacían un tratamiento con cromo para prevenir la corrosión, que es algo que se hace en la actualidad, que se creía haber descubierto en los años veinte del siglo pasado y que quizás hace 2.200 años los artesanos chinos ya realizaban con sus armas.

-Recientemente se ha hablado de una conexión entre este mausoleo y Grecia. ¿Es cierto?

-Sí que se ha hablado mucho de esa conexión, pero, en realidad, que haya influencias entre el Este y el Oeste no debería sorprendernos. Sin duda hay influencias culturales, pero lo raro sería que no las hubiese. Desde las expediciones de Alejandro Magno se llegaba a China y a la India y por supuesto hay rutas de comunicación e influencias. Lo que no podemos es caricaturizar la historia e imaginar que vino un artesano de Atenas a hacer los guerreros. Aquí hay muchos elementos en la tecnología y en la artesanía que son claramente locales. Es interesante ver esa hibridación de culturas y también ver qué fue en dirección contraria, de Oriente a Occidente.

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