La música tiene un precio

Una boda, un bar, una discoteca o un autobús pagan derechos de autor a la SGAE


Madrid / Colpisa

No suele ser lo primero que viene a la mente al pensar en los gastos de una boda, pero a la ceremonia, al cátering, al local y al vestido hay que sumarles la licencia de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Para ser exactos son 141,96 euros, a los que han de añadirse otros 0,52 euros por cada asistente de más a partir de los cien invitados. La SGAE protege y gestiona tres tipos de derechos de autor: los derechos por copia privada (en el ámbito doméstico y para uso particular), por reproducción mecánica (venta o alquiler de soportes) y por la comunicación pública de las obras. Estos últimos derechos, los de comunicación pública, afectan a conciertos y representaciones, pero también a bares, discotecas, gimnasios, fiestas de pueblo, bingos, boleras. Cualquier lugar donde haya gente y música de fondo.

Para poder utilizar las canciones que pertenecen al catálogo de la SGAE, compuesto por más de diez millones de obras -pero que en la práctica afecta a casi cualquier tema al estar este organismo asociado con entidades de gestión de derechos extranjeras-, y para no tener que solicitar permiso a cada autor de manera individual, los establecimientos deben pagar una licencia. Los precios varían en función del tipo de local, su tamaño y sus precios, pero, por ejemplo, un restaurante o café de cien metros cuadrados pagaría 19,30 euros al mes, y un pub del mismo tamaño 103,24 euros. La tarifa para un gimnasio de 200 metros que ponga música de fondo sería de 109,79 euros.

Pero las licencias de comunicación pública no se limitan a la hostelería. Sin ir más lejos, un autocar con música debe pagar una tarifa fija de 1.374,7 euros por toda la vida del vehículo. Para recaudar y controlar que se paguen estas licencias existe la figura del comercial. Hay unos 150 inspectores que, en calidad de autónomos, se presentan en bares, restaurantes y fiestas para asegurarse de que todo está en orden.

El comercial visita el establecimiento y, si no está pagando la licencia, le ofrece firmar el contrato. Si el empresario no respondiese después de varias visitas se iniciaría un proceso judicial. Emilio Gallego, secretario general de la Federación Española de Hostelería (FEHR), explica que cada vez más empresarios suscriben las licencias desde el principio, pero sigue habiendo quienes lo hacen tras la visita del comercial de la sociedad de autores. Estas visitas son cada vez más recurrentes.

Medidas para evitar la morosidad

Según el informe de la SGAE, en el 2015 los ingresos por los derechos de comunicación pública ascendieron a 61,4 millones de euros, un 4,5% más. La entidad explica que es consecuencia de la captación de nuevos clientes, el impulso de campañas comerciales y las medidas para evitar la morosidad. «La SGAE cada vez tiene más capacidad de acción, y esto, unido a la gestión para bonificaciones que asumen las asociaciones territoriales, hace que las situaciones en que no existe licencia vayan descendiendo», dicen desde la FEHR. En la práctica, el número de licencias ha crecido a pesar de la crisis. Los salones de boda han aumentado un 15,3% y los gimnasios un 17%. Han descendido los ingresos por ocio nocturno en un 3,2%, por el cierre de negocios. Casi un tercio de los 61,4 millones proceden de restauración, le siguen salas de cine (12,1%) y hospedajes (11,4%).

Los hosteleros, que tratan de negociar las tarifas, afirman que hoy no hay alternativa factible al repertorio de SGAE, pero existe una opción de resistencia: no poner música ni televisión o programar canciones que no integren el repertorio o sean de licencia libre.

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