El joven bailarín que sueña con borrar los demonios de la danza

Diego Landín crea el Ballet de Galicia para apoyar a los interesados en formarse en este arte

Respaldo. El fotógrafo Carlos Quezada es uno de los apoyos del Ballet Galicia, que se presentará el 7 de julio a las 22 horas en Marín.
Respaldo. El fotógrafo Carlos Quezada es uno de los apoyos del Ballet Galicia, que se presentará el 7 de julio a las 22 horas en Marín.

Pontevedra / La Voz

Diego Landín tuvo que dejar Galicia a los 17 años para poder ser bailarín. No quiere que ningún otro adolescente o adulto tenga que volver a hacerlo. Tampoco quiere que ningún niño -si puede ser del mundo, mejor- vuelva a sufrir acoso escolar por decir que quiere dedicarse a la danza. Ni que sigan multiplicándose los aspirantes a conseguirlo con problemas de anorexia o bulimia. En resumen: quiere acabar con el desconocimiento, acercar la danza a todos aquellos que por falta de recursos o lejanía geográfica no tienen acceso a ella, y que nadie vuelva a pasar por lo que pasó él. Solo tiene 23 años, pero ya sabe todo eso. Y mucho más.

Sabe las dificultades por las que tuvieron que pasar sus padres para hacer realidad su sueño, y sabe que aún hoy, cuando les preguntan a qué se dedica su hijo y ellos, orgullosos, responden que a bailar, siguen recibiendo expresiones de perplejidad apenas disimuladas. También sabe Diego que no hay que tener ningún título para abrir una escuela de danza, y que es mucho más difícil quitarse vicios al bailar que aprender de cero. Lo sabe porque todo lo vivió en primera persona, porque necesita comer mucho para tener energía -no engorda con facilidad- y le obligaban a hacer dietas imposibles que está convencido de que podrían haber arruinado su carrera.

El pasado verano se convirtió, asegura, en el primer gallego, junto a otro joven de Moaña, en obtener el título superior de Danza Clásica -el de Contemporánea lo sacó el año anterior una coruñesa-. Entonces decía que su sueño era crear una asociación sin ánimo de lucro que ayudara a todos los jóvenes y mayores que quieran dedicarse a la danza.

Doce meses después regresa con su promesa cumplida: el Ballet de Galicia Diego Landín es un proyecto en el que los aspirantes a danzarines y sus familiares pueden encontrar ya asesoramiento gratuito (balletdegalicia@gmail.com) sobre cualquier aspecto relacionado con el mundo del baile clásico y contemporáneo. Detectar problemas psicológicos, realizar consultas sobre centros de danza, consejos sobre cómo encaminar una trayectoria profesional y miles de cuestiones más. Quieren también romper la barrera de exclusividad de la danza y llevarla a personas con discapacidad física o psíquica -«se puede bailar con el alma», dice-. Además, en la página web que está en construcción se podrá descargar y solicitar material didáctico de calidad completamente gratuito.

La familia de Diego está volcada en la asociación, que cuenta con el soporte del instituto Universitario de Danza Alicia Alonso de la Universidad Rey Juan Carlos, el Ballet de Cámara de Madrid y profesionales. Nueve bailarines pedagogos, un actor, tres doctores en Danza, dos técnicos de iluminación y sonido, un fisioterapeuta, dos abogados y uno de los fotógrafos de danza más famosos del mundo, Carlos Quezada, respaldan una propuesta que aspira a mucho más: a tener una sede en Marín en la que bailarines, coreógrafos, fotógrafos y diseñadores aprendan juntos a hacer realidad sus sueños.

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