Elia Barceló: «Los seres humanos estamos siempre añadiendo sentido a lo que no lo tiene»

La narradora alicantina estará el jueves en Santiago para hablar de su nueva novela «El color del silencio»


Barcelona / E. La Voz

A sus 68 años, Helena Guerrero, una reconocida pintora que vive en Madrid, decide volver a la mansión que su familia poseía en Rabat para encontrar respuestas a su pasado, marcado por el asesinato de su hermana en 1969. Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957) acaba de publicar El color del silencio (Roca Editorial), un thriller en el que mezcla las singularidades de la novela histórica, de la psicológica y de la negra, y que ya va por su tercera edición. Barceló estará este jueves (19.30 horas) en la librería compostelana Couceiro.

-El tema de la novela es la desmemoria, individual y colectiva...

-Sí, el daño que causa ocultar cosas, hacer como que nunca existieron. La idea surgió leyendo La conspiración del general Franco del profesor Ángel Viñas, que narra algo muy interesante sucedido dos días antes del alzamiento de los generales en el 36. Me impresionó mucho y pensé que ahí estaba el germen de algo. Era el tipo de historia que me venía por las noches y que cada vez me traía más cosas nuevas.

-¿Es una metáfora de cómo España afronta su memoria histórica?

-Es en gran parte eso, pero no solo. Me parece igual de nocivo cuando se hace en un nivel personal que cuando se hace en un nivel nacional, y por eso yo abordo los dos ámbitos. Todos los seres humanos tendemos a ocultar cosas de las que no nos sentimos orgullosos. En general ocultamos cosas, nos narramos de otra manera lo que nos ha sucedido, no queremos recordar ciertos episodios de nuestra historia… Y todo lo guardado acaba por gangrenarse y hace mucho daño.

-Pero, ¿no cree que a veces es mejor no saber la verdad?

-No, yo creo que siempre es mejor saber la verdad. Aunque sé que hay momentos en que es mejor callar si esa verdad no te va a ayudar para nada en concreto.

-Trata dos episodios de la historia de la España: el pasado franquista del padre de Helena y el negocio de los niños robados. ¿Son dos temas que le preocupan?

-Sí, me interesan mucho. Yo vivo en Austria desde hace muchos años, y en ese país, como en Alemania, la cuestión de limpiar el pasado es muy importante. Hace muchísimos años que la comunidad internacional le reclamó a Alemania que pidiese perdón y pagase restituciones, y lo ha hecho. Pero en otros países como en España eso no se hizo ni se va a hacer. Creo que es un error, deberíamos entregarles a las generaciones jóvenes un pasado claro, limpio, explicarles qué sucedió para que puedan afrontar el futuro. Y otro asunto, para mí muy curioso, es que aquí se habla con toda libertad de los niños robados en Argentina, pero no de los robados en España. Yo me empecé a interesar por esto a raíz de un encuentro con el poeta Juan Gelman, quien me contó que llevaba años y años buscando a su nieta, que robaron a su nuera al nacer. En la época en que yo lo conocí, él seguía buscando [la encontró en el 2000].

-Esas sombras inexplicables de los cuadros de Helena Guerrero, ¿tienen que ver con su pasado?

-Absolutamente. Helena, que en el libro es la pintora más importante del arte contemporáneo, sabe que a través de ellas su subconsciente le dice que en su interior hay muchas preguntas todavía sin respuesta. A los 68 años [donde empieza la novela] piensa que quizás ha llegado el momento de poner paz con su pasado y averiguar qué pasó realmente.

-Gran parte de la novela se desarrolla en Marruecos.

-Sí. Mi hermana vivió varios años en Rabat, ciudad que me gusta mucho, como todo Marruecos. Sin embargo es en Marraquech donde está el jardín Majorelle, que me inspiró para crear La Mora, la mansión de Rabat donde se desarrolla gran parte de la novela.

-La casa tiene gran importancia...

-Me encantan los jardines. Lo primero que yo hago cuando voy a una ciudad es visitar su jardín botánico. Tiene también algo de simbolismo y por eso para mí el jardín de La Mora es el espacio de la inocencia. Goyo Guerrero y Blanca Santacruz [padres de Helena Guerrero] ven comenzar su vida cuando el sultán les regala esa casa. Parece que todo va a ser espectacular. Pero, a lo largo de la novela, en ese jardín van pasando cosas que disminuyen poco a poco la pureza de la inocencia. Al final nadie vive allí, solo los que lo cuidan, hasta que Helena regresa décadas después en busca de respuestas.

-Dice usted en el libro que los seres humanos, a una determinada edad, tratan de buscar la coherencia de sus vidas.

-Los seres humanos buscamos siempre el sentido de las cosas. No nos conformamos con que las cosas sean, queremos que sean para algo. Por eso existen las religiones. Estamos siempre añadiendo sentido a lo que no lo tiene. Cuando echamos la vista atrás, tratamos de explicar que siempre estuvo claro que toda nuestra vida estaba orientada a llegar a tal punto. Es una barbaridad. La mayor parte de las cosas que nos pasan son por casualidad, y no tienen sentido o, al menos, tienen solo el sentido que tú le concedes después.

«Marruecos es un país amigo; islámico, no fundamentalista»

Parte de la novela tiene Rabat como escenario. La escritora Elia Barceló defiende la búsqueda de una mayor fluidez en las relaciones entre Marruecos y España.

-Durante muchísimo tiempo fueron tensas, ya que Marruecos era para España el centro de sus expectativas coloniales. Cuando perdimos Cuba y Filipinas, seguíamos empeñados en ser una potencia colonial y no nos quedó más remedio que intentar expandirnos por Marruecos a pesar del carísimo coste humano. Las cosas se fueron deteriorando bastante… A mí me gustaría ahora que la gente se diera cuenta de que Marruecos es un país amigo. Es un país islámico, pero no fundamentalista.

-A usted no le gusta que la encasillen como escritora de ciencia ficción. ¿Por qué?

-No es que no me guste, ya que me siento muy bien en la ciencia ficción. Mis primeros libros serios fueron de ciencia ficción y pienso que es la literatura de nuestro tiempo, la única que trata temas que nos importan aquí y ahora. Pero yo he escrito 94 libros y, de ellos, solo tres son realmente de ciencia ficción. Me siento mucho más cómoda cuando me llaman solo escritora.

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