Día del libro: 20 títulos para huir del «bestseller» de turno

Escoger un ejemplar para uno mismo es difícil, muchísimo más para regalar


Sin rodeos: una selección de títulos para evitar las novedades «rabiosas» y las listas de los más vendidos. Si no sabes qué libro escoger para regalar este 23 de abril, aquí van algunas propuestas:

Drogadictos (Editorial Demipage). Doce escritores, doce relatos, doce drogas. Cada uno de los autores congregados en esta recopilación de textos ha escogido una sustancia y, alrededor de ella, ha montado una historia. Los relatos de Lara Moreno, Carlos Velázquez, Sara Mesa, Juan Gracia Armendáriz, Juan Bonilla, Mario Bellatin, Marta Sanz, Andrés Felipe Solano, Francisco Javier Irazoki, Manuel Astur, Richard Parra y José Ovejero se codean en esta cuidada edición con las ilustraciones del dibujante francés Jean-François Martin. «La bandeja está servida, creemos que hay para todos, convencidos como estamos de que la aspirina y el espidifen son el caviar y el champán de cada mañana».

La novia del lobo (Nórdica). El clásico de la literatura finlandesa, escrito en 1928 por Aino Kallas (Viborg, 1878), bebe de los mitos de las brujas y los hombres-lobo para contar la historia de Aalo, una joven con el espíritu libre y salvaje del bosque que vive en una comunidad sumida en el miedo y la superstición. El cuento de Kallas, rebosante de belleza, palpita también de contemporaneidad. Las poderosas y vívidas ilustraciones de Sara Morante, fundidas a la perfección con el relato, hacen de este volumen editado por Nórdica una joya editorial.

Oscuridad total (Sexto Piso). La veterana periodista estadounidense Renata Adler escribió tres novelas. Sexto Piso recuperó en el 2015 Lancha rápida y el año pasado, Oscuridad total. Ambas extremadamente singulares. Si la primera es una sucesión de imágenes deslumbrantes, un conjunto de fragmentos, collage de diálogos y reflexiones de una joven que se adelanta al tecleo impaciente que hoy se practica en Internet, la segunda es una historia de desamor, de ruptura, de desorientación y de vacío. «¿Crees que hubo algo que hice, o podría haber hecho, te lo pregunto, algo que no hice y podría haber hecho, que podría haber hecho que te quedaras a mi lado un poco más?».

El campeón prohibido (Siruela). Recién salida del horno en España, esta novela póstuma del Nobel Dario Fo recupera la historia real de Rukeli, un boxeador gitano perseguido por el nazismo. Se llamaba Johann Trollmann. Fue vetado por Hitler para que representar a Alemania en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928, despojado de su título de campeón de peso semipesado, humillado y arrinconado, obligado a divorciarse para proteger a su mujer e hija, perseguido y encerrado en un campo de concentración. Su dignidad, en cambio, se mantuvo intacta. 

La condición animal (Páginas de Espuma). Este libro de relatos editado por Páginas de Espuma es el primero de la argentina Valeria Correa Fiz, que a la vista de su pulso y su puntería poco tiene de debutante. Sus doce historias -agrupadas en los cuatro elementos de la naturaleza- son turbadoras, salvajes y, en ocasiones, tremendamente delicadas. Hablan de violencia, de desamor, de muerte, de infancia... de la condición más animal del ser humano, en fin.

Por si se va la luz (Lumen). Antes de Piel de Lobo, Lara Moreno publicó en el 2013 esta distopía descarnada y lírica con la que conquistó a los libreros. En ella, una pareja joven (él investigador, ella artista) se largan de la finita ciudad para empezar de cero en un pueblo abandonado. Una aventura que merece la pena vivir con ellos y con los escasos pero esenciales personajes que les acompañan. 

La muerte del padre (Anagrama). Hay que leer a Karl Ove Knausgård. Recrearse en sus divagaciones con calma para no sentirnos a la deriva, sin trama a la que aferrarnos. Las suyas son novelas de dejar reposar en la mesilla de noche para recuperarlas un día sí, un día también y alguno no. Sin empachos. A ratos. Porque en ellas el noruego nos cuenta su vida, sencilla y sin hazañas, unas memorias ambiciosas y domésticas, distribuidas en seis tomos que lo relatan absolutamente todo . La muerte del padre es la primera entrega de las seis que integran Mi lucha. Pero cualquiera de ellas es más que válida. Y maravillosa.

Héroes (Alfaguara). Ahora que a Ray Loriga le han concedido el Premio Alfaguara resulta casi obligatorio recuperar Héroes. A pesar de que hubo otras novelas antes y también después, fue este caos de un chaval que no quiere salir de casa el que catapultó a su autor a la popularidad más cegadora. Loriga se reafirmó en su rol rockero, inconformista y rebelde, entrañable aún así. Todos los chicos de los noventa, de repente, quisieron escribir como él. Todos se aprendieron de carrerilla sus párrafos, cascada de referencias, una tras otra, a películas, libros y canciones. Bowie. Mick Jagger. Dylan. «Me dijo: 'El ruido de todas las ciudades del mundo no pueden tapar el sonido de mis tacones'. Y yo no supe qué coño contestar a eso».

Sylvia (Destino). Dice la periodista de La Voz Ana Abelenda que «oímos en Sylvia a ese niño-adolescente febril, terrible y lúcido de Entre culebras y extraños, al que queremos. Sylvia es también nueva, distinta, pero hace sentir eso. Que la narrativa de Castro es, en esencia, poesía. Que no hay quien mate a la madre. Y que más que la historia cuenta la voz. Y esta voz no dejamos de escucharla». Pues eso. Lean/regalen a Celso Castro. Ya sea en Entre culebras y extraños o en Sylvia

Poesía completa de Alejandra Pizarnik (Lumen). «En un lugar de temblores / manos oscilan enamoradas / en la dulzura del rostro / sobre tu oscuridad ardiente». La poesía completa de la poeta argentina suicida es un escaparate de miedos, de trauma, de sexo y barbitúricos, de sueños y de asfixia. Indispensable. 

Según venga el juego (Random House). Inédita en España, acaba de ser recuperada por Random House: la historia de una mujer, 30 años, madre y actriz. A la deriva. Años setenta. Hollywood. Su autora, Joan Didion, sobrecogió al mundo primero con El año del pensamiento mágico, donde se enfrenta al duelo de la muerte su marido, y después con Noches azules, en la que afronta la de su hija, solo dos años después. Didion es afilada, a veces divertídisima, triste, sí, pero también analgésica y reconfortante. 

El amor, ese viejo neón (Aguilar). Los de Karmelo Iribarren son poemas rápidos de este mundo de bares y calles y soledad y mucha noche, y ciudad y parejas y exparejas, y días de lluvia, y alguna mueca tierna y alguna tarde de algún verano que ya fue. «Literatura de los día laborables», dice él. 

El bar de las grandes esperanzas (Duomo). El premio Pulitzer J. R. Moehringer, autor de las celebradas memorias de André Agassi, regresó a las librerías hace dos años con la historia de J.R., un niño que crece sin padre, pero con madre y con un bar, el de su pueblo, donde todo el mundo tiene algo que contar. Una novela honesta, cercana, sin nada de artificio. Muy real.

Las cosas que perdimos en el fuego (Anagrama). «Con la cotidianidad hecha pesadilla, el lector se despierta abatido, perturbado por historias e imágenes que jamás conseguirá sacarse de la cabeza». Así presenta Anagrama estos doce cuentos de la argentina Mariana Enríquez, fríos y esquinados, en los que el lector debe aprender a convivir con el miedo, la angustia y la opresión. Su encanto aparece una vez lo ha logrado. 

La cena (Salamandra). Fue un viernes. 16 de diciembre del 2005. Tres críos entraron en un cajero de Barcelona, la emprendieron a golpes con una indigente y le prendieron fuego. Koch leyó la noticia en el periódico y la imaginación hizo el resto. Convirtió el episodio en una breve novela que se bebe de un trago. Pero La cena -Libro del Año 2009 en Holanda, tan incómodo como fascinante- no relata aquella historia. Se coloca en la misma línea de salida y toma otra dirección. Adelante.

Cuatro hermanas (Libros del Asteroide). La novela de la estadounidense Jetta Carleton, la única que escribió, es de la que se gozan de principio a fin. Una historia cargada de emociones y tensiones familiares que afloran durante un verano de los años cincuenta en una granja de Misuri, donde un maestro rural y su mujer reciben durante unas semanas la visita de tres de sus cuatro hijas. La obra, publicada en 1962, fue todo un éxito que no ha dejado de emocionar a los lectores.

Flores en las grietas (Anagrama). Poco hay que decir del Premio Princesa de Asturias Richard Ford y de sus novelas más célebres, como El periodista deportivo o El día de la Independencia, pero merece una invitación esta obra autobiográfica en la que habla mucho de su oficio, con capítulos tan jugosos como el de su amistad con Raymond Carver, pero también de su infancia y de su familia. El capítulo Un padre y una bicicleta es una delicia.

El asiento del conductor (Contraseña). La escocesa Muriel Spark es una escritora pérfida que ideó este relato con la intención de «aterrorizar deleitando». En él nos cuenta las extrañas últimas horas de Lise, una turista nórdica que inicia unas vacaciones a un país del sur del que no volverá. La obra es una buena carta de presentación para esta magistral autora, que, entre otras cosas, trabajó en una oficina de contraespionaje en la que conoció a Graham Greene.

El lenguaje de las fuentes (Debolsillo). Esta de Gustavo Martín Garzo es una obrita de poco más de cien páginas tan exquisita, tan conmovedora y humana que seguramente muchos escritores se pelearían por firmar aunque no pudiesen escribir luego una línea más. El protagonista es nada menos que José, el esposo de María, que en sus últimos días repasa su particular vida y el insólito destino que le llevó a vivir como un simple mortal junto a la sombra abrumadora de lo divino.

Cartas a las golondrinas / Cartas a mí mismo (Austral). Como no todo va a ser libro nuevo, esta obra de Ramón Gómez de la Serna deberá rastrearse en librerías de viejo o webs de segunda mano, pero la adquisición merecerá mucho la pena. Las cartas de este volumen, publicadas en 1962, son un exquisito bocado del padre de las greguerías, que les dice a las alocadas golondrinas cosas como esta: «Tenéis algo de prestidigitadoras y aparecéis y desaparecéis a la vista como si hubiese para vosotras misteriosos burladores o invisibles bolsillos en el cielo».

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